FORO ECONÓMICO MUNDIAL: ¿OPORTUNIDAD O AMENAZA?

Publicado el 20 de julio de 2022
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Tras el parón forzado por la pandemia, el Foro Económico Mundial, volvió a celebrar, entre los días  22  al 26 del pasado mes de mayo, su asamblea anual en Davos (Suiza) de modo presencial,  con el objetivo de “mejorar el estado del Mundo”. Con este propósito y tras el impacto de la Covid-19, habían presentado ya en 2021 su iniciativa de “el Gran Reseteo,” destinada a impulsar un mundo post-Covid-19 más saludable, equitativo y próspero. En el mismo, hacían una predicción desconcertante: en 2030 no tendrás nada y serás feliz”. La referencia a 2030 es debida al impulso por parte de la ONU, Comunidad Europea, OMS, e innumerables organismos y gobiernos de bastantes países de la llamada “Agenda 2030”. Concretamente la  ONU, aprobó la Agenda 2030, el 25 de septiembre del año 2015, con la firma de 193 Estados miembros, y con el apoyo de más de 30 multinacionales. En definitiva, la Agenda es un gran plan estratégico para realizar los cambios necesarios que nos lleve a un mundo mejor, más inclusivo, más sostenible… Toda la acción política, económica, social, etc.  ha de hacerse con las “gafas” de esa Agenda 2030.

En base a la predicción citada se plantea un interrogante: ¿acaso hay alguien que no quiera ser feliz y tener un planeta mejor? .Parece obligado que todos apoyemos tan loables propósitos, resumidos en  17 ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible).

Lamentablemente, detrás de esos 17 ODS hay  mucha “letra pequeña”. Estamos ante un proyecto liberticida, que atenta contra nuestra forma de vida, costumbres, cultura, economía, industria… En definitiva, la implementación de un Nuevo Orden Mundial (NOM), donde las élites lo tendrán todo y el resto de la humanidad no tendremos nada pero seremos ¿¿felices??. Se trata, pues, de una “chinarización” de toda la población del planeta, cuya demografía se controla; en base a un socialismo “moderno”, que inventa nuevos derechos para sustituir a los que se nos van anulando, y con las exigencias de una nueva y única religión: la sostenibilidad medioambiental.

Es el fin para nuestra libertad, propiedad, privacidad y dignidad. Es el fin de la familia tradicional, de la soberanía nacional. Es el control demográfico malthusiano, mediante el fomento del aborto, la eugenesia, la eutanasia y la promoción de la sexualidad no reproductiva, partiendo del principio de que el ser humano es una plaga para nuestro planeta. Es el multiculturalismo y el fomento de la inmigración masiva con el objetivo de quebrar familias y naciones, en la búsqueda de individuos sumisos, sin raíces ni sentido crítico. Es la destrucción deliberada de la economía real de las naciones y de la educación de sus ciudadanos. Se plantea, incluso, rediseñar la propia naturaleza humana, bien cuestionando la evolución  de nuestro metabolismo a lo largo de millones de años que nos ha llevado a ser omnívoros (no podremos comer proteína animal, sólo la élite podrá), bien fusionando al ser humano con la tecnología, con el propósito de “biomejorar” al homo sapiens. Es decir el “transhumanismo”.

Todo esto queda simbolizado en el logo de la Agenda 2030. Un pin con forma de rosquilla arcoíris que, por ejemplo, en España, llevan todos los líderes de los partidos políticos excepto VOX.  Una Agenda 2030 que no se ha debatido nunca y jamás se ha sometido a votación. Es una imposición totalitaria de organismos internacionales y multinacionales a cuyos dirigentes nadie ha votado y que se arrogan un poder omnívoro sobre nuestras constituciones y leyes, con la complicidad de los gobiernos nacionales (lamentablemente a estos últimos sí los hemos votado, pero no para esta traición que tan espléndidamente les recompensan las élites con el sistema de puertas giratorias).

Ante la Agenda 2030, la  defensa de nuestra identidad cultural, de nuestra soberanía, conlleva ser cancelado, vigilado, desacreditado, perseguido…Pero esta tarea de valientes es más importante y necesaria que nunca,  porque, como alertaba Miguel de  Unamuno, “a veces, permanecer en silencio es mentir, ya que el silencio puede interpretarse como asentimiento”.

Fuente imagen: El magnate George Soros, El Confidencial Digital

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