Jaime Urcelay, Presidente de Profesionales por la Ética

Contemplar al Resucitado es contemplar mi realidad más allá de cualquier limitación, dolor o frustración. Es la confirmación del Amor incondicional de Dios hacia su criatura, hasta vencer a la muerte y al pecado en mi vida. Es verificar que hay un juicio sobre la realidad completamente distinto del que me propone el mundo. Es tener la certeza de que ya no hay lugar para el miedo ni la tristeza, y que sólo en la fidelidad a mi vocación cristiana voy a encontrar la plenitud que busco. Es saber que en Cristo Eucaristía se me ofrece siempre la única Vida verdadera.

En Alfa y Omega.