El pasado sábado ha tenido lugar en Madrid una cena-homenaje a Fernando Fernández Rodríguez, fundador y presidente de la Asociación para el Estudio de la Doctrina Social de la Iglesia (AEDOS) y persona de referencia en la historia de Profesionales por la Ética.

Lo que inició un grupo de amigos encabezado por los catedráticos José Andrés-Gallego y Rafael Rubio de Urquía se convirtió en una cena con más de 50 asistentes y un centenar de adheridos. Y eso que la convocatoria no fue pública sino que se hizo por correo entre los amigos y discípulos de Fernando. Organizado al detalle por Marisa Aranguren y María Ángeles Eyries y conducido magistralmente por José Andrés-Gallego, el acto tuvo un carácter familiar y poco protocolario; contó con varias intervenciones breves entre las que cabe destacar la de Yago, el hijo mayor de Fernando, quien glosó la figura de su padre en cuanto tal, revelando a los asistentes que era aún mejor como padre y educador que como presidente de AEDOS. El resto de las intervenciones hicieron referencia a su trayectoria personal y académica (estudió tres carreras simultáneamente), su brillante carrera profesional (que de algún modo el mismo frenó para dedicarse a iniciativas sociales y mantener sus principios y valores) y su talla humana, de gran generosidad, iniciativa y capacidad de hacer hacer a otros.

También le fue entregado al presidente de AEDOS el liber amicorum que ha sido editado, con ocasión del acto, con diversas colaboraciones de sus amigos y colaboradores más cercanos.

Finalmente intervino el propio homenajeado, quien presumió, con todo derecho, de ser capaz de identificar con nombres y apellidos a todos los asistentes al acto, lo que da idea no solo de su memoria sino de la atención que presta a cada persona. Fernando defendió el carácter colegiado de AEDOS intentando convencer a los asistentes de que cualquiera en esta asociación valía más que en él. Defendió apasionadamente la necesidad, en estos momentos, de no bajarse de la cruz y seguir batallando e hizo referencia a la encíclica Spes Salvi recordando que en el juicio personal nuestras buenas obras (en su caso, modestamente lo que haya hecho en AEDOS) serán tenidas en cuenta. Para tranquilidad de los asistentes y haciendo gala de su fino sentido del humor, Fernando aseguró que él seguía al frente de las iniciativas y que no pensaba abandonar la dirección de AEDOS, si es que alguien lo pensaba al organizarle un homenaje.

En definitiva, una velada entrañable, como se decía en las antiguas crónicas. Y un más que merecido  homenaje a un gran hombre.

Para más información sobre la trayectoria de Fernando Fernández, leer también en esta página «20 Aniversario (XVIII). Encuentros: Fernando Fernández Rodríguez».

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