100029_bannerEstoy a punto de acabar un libro que recomiendo vivamente. Se llama como el título de esta entrada y está editado por Ciudadela. Sus autores, Donald De Marco y Benjamín D. Wiker, son dos profesores universitarios que han sintetizado en breves capítulos las biografías y el pensamiento de los filósofos y científicos que han gestado lo que Juan Pablo II definió como la cultura de la muerte, un proceso filosófico y existencial que parece pretender la abolición del hombre.

Así, con un enfoque divulgativo, nada académico, descubrimos que los abortistas, pervertidores de adolescentes, eugenésicos y pro eutanasia actuales son herederos de científicos como Ernst Haeckel, el científico alemán que llegó a escribir lo siguiente: «¿qué utilidad reporta a la humanidad mantener y criar a los miles de cojos, sordomudos, idiotas, etc. que nacen cada año con la carga hereditaria de una enfermedad incurable?». Y capítulo a capítulo, recorremos el siniestro diseño de esta terrible cultura gestada por Darwin, Freud, Nietzsche, Francis Galton e incluso contemporáneos como Peter Singer, el gurú de la ética, defensor del Proyecto Gran Simio y de los experimentos con embriones humanos. Los dramas personales y familiares de personajes como Sarte o De Beauvoir tiene mucho que ver con sus ideas. En definitiva, la cultura de la muerte se gestó en las cátedras de las universidades y en los laboratorios.

Sin embargo, este libro no cae en el pesimismo. Por el contrario, finaliza con una apuesta muy decidida por un realismo personalista al estilo Juan Pablo II: «Nuestra tarea como personas es participar de forma amorosa de las vidas de los demás».

Teresa García-Noblejas