Hace dos años empezaron a recortarnos libertades individuales imponiendo su Educación para la Ciudadanía. Y algunos objetamos en conciencia. Porque nos parecía -porque lo es- una ley injusta. Pero el gobierno y sus tribunales no reconocen el derecho de objeción a sus leyes.

Después llegó la píldora del día después. Y muchos farmacéuticos se negaron en conciencia a dispensar tal bomba hormonal de posibles efectos abortivos. El País pone el grito en el Cielo: ¡a dónde vamos a llegar con la objeción! Pero el gobierno y sus tribunales no reconocen el derecho de objeción a sus leyes.

Tras la píldora se pretende permitir el aborto desde las 14 semanas de gestación, sin alegar causa alguna y por parte de menores sin el consentimiento paterno. Los médicos se han opuesto a ser instrumentos de la masacre y pretenden objetar a una posible obligación a practicar abortos. Pero el gobierno y sus tribunales no reconocen el derecho de objeción a sus leyes.

Pero aquí no se acaba la cosa: el mismo Peces-Barba, ante la Ley de Educación catalana reclama la objeción de conciencia:

la Ley de Educación de Cataluña, aprobada recientemente por el Parlamento catalán y a través de la cual se elude aplicar la tercera hora semanal de castellano, debe “dejar una puerta abierta” para los “objetores de conciencia” que no quieran que sus hijos “vehiculen” su educación en catalán.

Gregorio Peces-Barba, Santander, 9 de julio de 2009.

Pero el gobierno y sus tribunales no reconocen el derecho de objeción a sus leyes.

Y no lo es menos la mismísima Adela Cortina, otra de las ideólogas de la Educación para la Ciudadanía:

“(…) esa misma calidad de la democracia reclama que los miembros de los partidos ejerzan su libertad de conciencia, porque mal pueden contagiar pluralismo instituciones monolíticas”

Adela Cortina, El País 22/07/09

Pero el gobierno y sus tribunales no reconocen el derecho de objeción a sus leyes.

A la vista de la avalancha de objeciones, el Ministro de Justicia declara que no reconocerá ningún derecho a la objeción más que el reconocido en la Constitución -la objeción al extinto servicio militar. Para redondear la declaración se propone ahora el gobierno elaborar una ley que regule la objeción de conciencia. O sea, ponen a la zorra a guardar el gallinero.

Lúcidamente, como siempre, Alejandro Llano resume la situación:

“El Leviatán, que hoy amaga por doquier, se pasea a sus anchas por los páramos de España. De ahí que los socialistas mantengan el contrasentido de que la propia objeción de conciencia ha de ser autorizada por quienes tienen la vara de mando. Minorías sordas a las opiniones de la gente fabrican leyes inmorales ante las que es preciso inclinarse devotamente.”

Alejandro Llano, La Gaceta, 14/08/09

Y es que hasta aquí hemos llegado. Mientras media España disfruta del chiringuito y la otra media anda a la búsqueda de empleo, el gobierno “aprieta el acelerador” de la invasión totalitaria. Democrática -por sus orígenes: como los de Hitler o Chavez- pero totalitaria. ¿No es el big-bang de la objeción de conciencia, como gráficamente ha señalado Navarro-Valls, el síntoma inequívoco de la invasión de las libertades individuales por parte del Estado?.

¿Y qué cabe esperar ante esta absorción de las libertades individuales? Dos posibles escenarios, a mi juicio:

• o seguimos socialmente hechizados por el derroche de “concesión de derechos” del gobierno, distraídos con las cuitas particulares o tratando de salvar los propios muebles

• o plantamos cara definitivamente a lo que se revela como un “tema social” parangonable a los políticos “temas de Estado”: “Signo y expresión de la libertad ha sido siempre el inconformismo ante el poder injusto. La resignación sumisa, por el contrario, es el camino que nos está acercando a la servidumbre. Y como ni el Gobierno ni la oposición apuestan realmente por la libertad, ahora le toca a la responsabilidad cívica. Pacíficamente, hay que plantarse desde este mismo momento y decir: yo por ahí no sigo.” Alejandro Llano, La Gaceta, 14/08/09

Lo que es indudable es que estamos, cada vez, más cerca de uno de los dos escenarios. Ojalá nos de tiempo a recapacitar y plantar cara al totalitarismo democrático. Y decir bien alto y claro “Yo, por aquí, no paso”.

(Publicado en el blog Diario de Un Padre Objetor)