Después de informarme acerca de las leyes llamadas «de muerte digna» he llegado a la conclusión de que son un coladero igual que en su día sucedió con la despenalización del aborto.

La privación de alimentos a la anciana Ramona Estévez, por indicación de la Junta de Andalucía y por decisión del hijo, desmonta la famosa cantinela de que la eutanasia es «el derecho a decidir sobre la propia vida». Unas narices; la Junta de Andalucía ha interpretado como le ha dado la gana la ley andaluza para amparar una práctica que contraviene el sentido común, la humanidad y la buena práctica médica.

inyeccion

Yo no quiero que un día me pongan una inyección letal en el hospital simplemente porque la enfermera se ha equivocado de paciente…

Tampoco me gustaría imaginarme (o saber, que es peor) que el doctor que me atiende ha «ayudado a morir» a no-se-cuantos pacientes que se lo pidieron…

Y no me gustaría imaginarme que casi todos los médicos que pasan por mi habitación del hospital tienen las manos manchadas con la muerte voluntaria de otros pacientes…

Prefiero vivir en una sociedad en la que se cuida y acompaña al moribundo y al paciente terminal a estar atemorizada esperando a que un profesional o mi propia familia me mande al otro barrio privándome de alimentos o agua o poniéndome una inyección que me mate.

Teresa García-Noblejas