Resulta emocionante saber que los niños objetores de Castilla y León cuando se han levantado esta mañana para ir al centro escolar se han encontraran con la agradable sorpresa de que los Tribunales de Justicia se han hecho eco de sus reivindicaciones y les han reconocido el derecho a ser educados en los principios y valores que sus padres han elegido para ellos, y esto sin tener que soportar ser coaccionados, ni poder ser obligados a cursar una materia como Educación para la Ciudadanía, que además de vulnerar esos valores y principios, tratan de cercenar la libertad, valor supremo consagrado en la Constitución y que tanto le ha costado al ser humano conseguir. Ahora bien, la libertad necesita de la verdad. La libertad requiere del entendimiento (facultad que busca la verdad) y de la voluntad (facultad que busca el bien). Usando ambas el hombre puede determinar dónde está el bien verdadero y escogerlo.

En la actualidad parece existir un interés principal por parte de algunos «lobbies» y de algunos políticos, en hacer del hombre una marioneta a la que poder manejar a su antojo, para ello no escatiman en utilizar cualquier tipo de método para alcanzar sus fines. Mediante campañas publicitarias, artículos periodísticos e incluso libros de texto, pretenden convencernos de que el aborto, la eutanasia, la liberación sexual, la vuelta a la naturaleza más primitiva en las relaciones afectivo-sexuales entre seres humanos, es una colina que hay que subir. Sin atreverse a reconocer que, al subir esa colina no estamos haciendo otra cosa que bajar la montaña de la evolución del hombre, colocando a éste al nivel de los animales irracionales, muy contentos por poder disfrutar de su cuerpo con la mente de un mandril, pero también con la misma falta de libertad. Dejarse llevar en todo momento por lo que se desea sin entrar a realizar un juicio deliberativo sobre si lo que deseamos es bueno o malo para nuestro propio cuerpo y para nuestra propia conciencia, sin reparar en si es ético y lícito, es algo a lo que los seres humanos no deben acostumbrarse y mucho menos pretender que lo hagan los niños a través de la reconstrucción en valores que pretende el que gobierna.

Creo que nuestros jóvenes no encuentran en nuestra sociedad patrones de referencia a los que poder imitar. La tibieza, el relativismo y la falta de valores con la que la máxima autoridad educativa pretende formar a nuestros jóvenes son preocupantes y decepcionantes. Parece que los niños deben aprender que no existe ni el bien ni el mal, que no hay nada prohibido, que todo es lícito, y si no lo es ya se desarrollará alguna ley para que deje de serlo, que se puede incluso atentar contra la vida de un inocente y recibir por ello los aplausos más entusiastas. Según marcan los cánones de la nueva teoría sociopolítica que se intenta imponer, el hombre y la mujer deben moverse de acuerdo con sus deseos a los que nunca deben renunciar, a riesgo de quedar como un auténtico retrógrado.

Es triste observar que la gran conquista del Parlamento español de los últimos seis años es que al ciudadano se le ha concedido el poder hacer lo que le venga en gana, mientras esto no suponga mover del asiento a los que están instalados en el poder, sean estos del color que sean. De esta manera se está intentando convertir a los niños, a los hombres y mujeres del mañana, en marionetas, carentes de valores, de patrones de referencia, de principios… que podrán ser manejados por el Estado sin temor al más mínimo de los reproches.

Parece ser que para los «padres» inspiradores e ideólogos defensores de esta materia de Educación para la Ciudadanía lo más importante es la total y completa libertad sexual del niño, el derecho a abortar de las adolescentes, lo otro, los valores, los principios, ya los aprenderán en su tiempo libre, lo importante es que el niño sepa si quiere ser hombre o mujer, cuál es el mejor método de comprobarlo, ayudarle a discernir si es gay, heterosexual, bisexual…cual es el mejor preservativo y dónde comprarlo aunque, no sepa dónde está Groenlandia … Lo fundamental es saber relacionarse «sexualmente» con otros individuos, y esto mejor si lo aprende a los ocho o nueve años. Eso es lo realmente importante para que se realice auténticamente como persona, lo demás es indiferente, secundario, prescindible. Da igual que los niños españoles aprendan la historia de España, la verdadera, no la que nos quieren contar, sus orígenes, que lean, que se esfuercen, que tengan metas y aspiraciones y deseos de alcanzarlas, todo eso no tiene importancia ante la creciente necesidad de que todos los niños salgan del centro escolar sabiendo si quieren seguir llamándose Francisco, que era como le llamaban cuando entró en preescolar o por el contrario después de haber cursado la materia de Educación para la Ciudadanía, quiere ser conocida en la sociedad como Francisca o mejor aún como Paca que es como más familiar y más cercano. Eso es lo importante, lo demás es represión, fundamentalismo, falta de libertad…porque ante todo está la libertad del niño, que no podrá conducir un automóvil, que no podrá votar, que no podrá fumar, pero que podrá abortar si tiene más de dieciséis años y la nueva Ley que se intenta aprobar se lo permite.

Qué mal uso se está dando de la libertad. Se atiende a las peticiones de los grupos que propugnan el aborto, considerado hoy todavía delito por nuestro Código Penal, y sin embargo se limita el derecho de los padres a elegir la educación que quieren que sus hijos reciban, conculcando el derecho de libertad ideológica y religiosa y el derecho que tienen los padres a elegir la educación que quieren para sus hijos, derechos expresamente reconocidos y garantizados en nuestra Constitución y también especialmente protegidos, al menos en teoría.

Y ante todo esto, ¿no está claro que éste el momento de objetar a ésta Materia de Educación para la Ciudadanía que nos han impuesto?.

A los que hasta ahora han sido padres objetores les animo a que perseveren en su actitud. Puede ser, como así ha ocurrido que los centros os coaccionen, os intenten convencer de que no explicarán nada contrario a vuestros principios y valores, de que el libro que se utiliza carece de cualquier contenido adoctrinador, de que os amenacen incluso con consecuencias dramáticas para vuestros hijos, pero debéis estar seguros de que lo que hacéis tiene amparo constitucional, moral y, ahora, judicial.

Los objetores de Castilla y León están plenamente satisfechos ante las recientes y extraordinarias sentencias del Tribunal Superior de Justicia y esperan ansiosos que se resuelvan satisfactoriamente –algo de lo que estoy convencido – los más de doscientos cincuenta recursos presentados. No podemos darnos ahora por vencidos. Abandonar ahora sería un gran fracaso para las futuras generaciones, estaríamos sembrando el país de clones que no serían capaces de discernir, de elegir, de oponerse a la maquinaria propagandística del partido gobernante. Volverían – volveríamos en definitiva- a dejar de ser libres. Tal vez a tu hijo no le afecte en absoluto, pero habrá (por desgracia los hay y muchos) niños cuyos padres no puedan, o no sepan, defenderlos como vosotros lo estáis haciendo hasta ahora. También por ellos es necesario continuar en esta lucha por la libertad. Un Estado así no es un estado democrático; es una dictadura nacida de las urnas pero con espíritu de perpetuidad, impositiva y totalitaria. Los hombres y mujeres que viven en su territorio entrarán a formar parte de una sociedad controlada por el Estado.

Francisco José Ramos Vega. Abogado del Iluestro Colegio de Abogados de Salamanca