FOTO: Jóvenes objetores a EpC reciben un premio en el II Encuentro (febrero 2009).

Otra vez nos llega un testimonio de un padre objetor a EpC; no queremos dejar de compartirlo con todos vosotros. Ejemplos como estos, cientos.

Yo os puedo decir que mi experiencia con un hijo objetor de 4º de la ESO ha tenido un final feliz. Y os animo a la lucha: a los que estamos en el frente, que no abandonemos. A los que no estáis, os invito a uniros a nosotros porque es vuestra causa, la causa de todos. Si caemos nosotros en el desánimo y en la tristeza, muchos bastiones lo harán después. Esta es una batalla que se libra en el corazón de los hombres; nos estamos jugando la libertad, algo por lo que merece la pena aventurar la vida. Una vida que crece o se hunde ante la adversidad. Hay que volver a leer a los clásicos para proveerse de ideas-fuerza: «bien como la ñudosa encina, en alto monte desmochada, que del mismo acero que es cortada cobra vigor y fuerza renovada », «el oro se prueba en el fuego».

A mi hijo parece que las contrariedades le han hecho crecer. Hablo de un hombrecillo al que le quedaban varias asignaturas en la primer evaluación; en pleno «sarampión adolescente» y teniendo, para más inri, dos asignaturas arrastradas del año pasado. He de confesar que le sentó muy mal que le contara que el director y la jefa de estudios me insinuarán que «cómo se atrevía con ese expediente a objetar». Como si los derechos individuales no los tuviera hasta el más humilde de los hombres sólo por ser hombre. Derecho que nace inalienable e imprescriptible desde la concepción hasta la muerte natural, anterior por tanto a toda ley otorgada.

Incluso cuando nuestra única Esperanza (la que afirma que hay que dar la batalla de las ideas pero sólo la da de boquilla) nos dejo tirados, yo dudé y a punto estuve de allanarme. Mi chaval no; por el contrario, se creció, me tomó el testigo y me convenció diciéndome que «cómo iba a entrar en clase ahora después de toda la movida». Si ellos no tenían vergüenza (y yo estuve a punto de perderla cediendo) mi hijo dijo «no». Esto sí que es una lección, un aprendizaje de cómo una persona puede crecer por sano orgullo. No sabemos cuanto viviremos; no sé si llegaremos a mañana. Pero os aseguro que estos momentos son los que marcan y nos trascienden; constituyen nuestro patrimonio y nuestra mejor herencia, la suma de cada uno de estos gestos gracias a gente tan maravillosa como vosotros. Cada uno de vosotros provocáis al fin la movilización social: desde el corazón se produce la elevación de toda una sociedad, una auténtica revolución interior.

En conclusión: mi hijo ha madurado, se ha puesto las pilas y ha aprobado todas las asignaturas. Y con nota. Menos una asignatura que, soberanamente, ha decidido no aprobar y no cursar para demostrarse a sí mismo y a los demás que es el señor de sus decisiones. Ha puesto el expediente encima de la mesa del profesor de CIUDADANIA y se presentará a examen en septiembre. Se me olvidaba, estamos en un colegio religioso, un Guantánamo educativo posibilista (por no decir entreguista).

No nos engañemos: aquí no hay más frente que el que nosotros planteemos. Nadie nos va a conceder ninguna libertad que previamente no nos tomemos. El mayor movimiento objetor de la historia de España, «la vanguardia en la lucha por los derechos fundamentales». Enfrentamiento entre dos cosmovisiones y antropologías diametralmente opuestas; no estamos simplemente ante una confrontación de colores políticos o de ideologías. Esta es una batalla que se libra en el corazón de los hombres

Esto es todo; un motivo de orgullo. Os puedo decir, con mucho agradecimiento que gracias a vosotros entregué la primera carta en el colegio. Profesionales por la Ética, Hazteoír y Objetores.org y tantos otros valientes que andan sueltos. NI UN PASO ATRÁS: vamos a ganar; tenemos toda la razón. Y no nos van a dejar de oír.

Un padre objetor