La degradación de la vida humana a la que nos está llevando la lógica de la cultura de la muerte (de la que el aborto es sólo la punta del iceberg) hace que nos despachemos con noticias como la que El País del pasado 7 de septiembre titulaba así:

El Supremo concede 1.500 euros mensuales de por vida a un niño con Down tras un diagnóstico prenatal equivocado

Y es que, según la periodista, ahora que el aborto es «un derecho», un diagnóstico prenatal erróneo «privó a la madre de valorar si abortar o no». Como consecuencia, padre y madre recibirán una indemnización cuantiosa y el niño una pensión vitalicia (tiene bemoles, parece irónico lo de «vitalicia») por importe de 1 500 euros en concepto de reparación (supongo) por no haber sido abortado. Es lo que en términos jurídicos, aclara la periodista, se denomina wrongful birth («nacimiento equivocado»).

imagesNo tengo palabras para valorar esta noticia. ¿Cómo explicarán los padres a ese niño, cuando sea algo mayor, que recibe una paga mensual por haber tenido la «desgracia» de no haber sido abortado?

Y es que cuando el deseo del más fuerte se convierte en un derecho, todo el entramado jurídico se altera. Porque un derecho no es papel mojado, se reivindica, se costea con el erario público y, lo que es peor, implica obligaciones para otros (médicos, personal sanitario) y se ejerce a costa de los considerados débiles, deficientes, inútiles o costosos. Y se reclama en los tribunales. Creíamos que lo habíamos visto todo. Nazismo en estado puro.

Teresa García-Noblejas