No contaba Goliat con este inesperado ejército de Davides: miles de padres que, superando nuestro crónico fatalismo y la letal llamada a la adaptación, han plantado cara al poder en su pretensión totalitaria. Ciudadanos responsables han aceptado complicarse la vida por la libertad y por lo más valioso: los hijos; los de todos, los de hoy y los de mañana.
La soberbia de quien no reconoce límites ha topado con una realidad que no imaginó: los tribunales están dando la razón, de manera abrumadora, a los objetores.
Tenemos confianza en un pronunciamiento del Supremo favorable al derecho de los padres; las argumentaciones recogidas en los fallos judiciales avalan este optimismo. Es razonable esperar que el Supremo declare que esta EpC supera, como advirtió el Consejo de Estado, los límites constitucionales. O, al menos, que frente a ella cabe la objeción de conciencia.
Si ese fallo no se produjera, seguiremos adelante mientras haya una sola familia dispuesta a mantener la lucha por su libertad y la de sus hijos. Llegaremos al Tribunal Constitucional o al Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo; donde sea necesario. Es cuestión de compromiso, tenacidad y paciencia.
Jaime Urcelay, Presidente de Profesionales por la Ética
(Artículo publicado en Alfa y Omega, 6-11-2008)