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En la Eucaristía celebrada el domingo pasado en una de las explanadas del Valle de los Caídos me encontré con un Espectacular gentío. Niebla, frío, llovizna, humedad… no fueron suficientes para desanimar a los que asistimos a la Eucaristía en más de 2.000 coches según datos de los guardias civiles que allí estaban. Tuve que esperar más de media hora de retención para coger la salida del Autopista de la Coruña que lleva al Valle.

A los cristianos católicos que asistimos nos fue regalada una homilía impresionante con un criterio evangélico exquisito. Nada de enardecer las masas en plan revolucionario, mal que les pese a los «busca-fachas» y «busca- banderas preconstitucionales». El testimonio-predicación del miembro de la Comunidad Benedictina que presidía la Santa Misa tuvo como base el mensaje de velar y dar testimonio para recuperar España para Cristo. Mucha oración nos ha pedido también para vencer el mal con las armas de Dios, rechazando la violencia y el odio.

Coherencia, sacrificio y sencillez nos aconsejaba para dar testimonio de la Buena Nueva de Jesús en las vicisitudes más cotidianas. Y fuerza para llegar en nuestro testimonio hasta el martirio de sangre si fuera necesario (el martirio diario del profeta y del testigo ya se supone para el que mínimamente se quiera embarcar hoy en la Iglesia de Cristo). Fue preciosa la comparación con la construcción de la Cruz en Gdansk, en tiempos de la Polonia comunista, donde era destruida durante el día la parte que habían construido los obreros por la noche.

Cristo Jesús estuvo especialmente presente en el Pueblo de Dios congregado hoy en la explanada de la Basílica del Valle de los Caídos. La Iglesia seguirá siendo luz del mundo hasta el final de los tiempos en medio de las persecuciones. Hoy también es así aunque el Circo romano y los leones se hayan transmutado en órdenes ministeriales, amenazas constantes, utilizaciones de las fuerzas de seguridad del Estado para fines espurios, etc.

Cristo es el mismo, ayer, hoy y siempre, y es por ello que debemos vivir en esperanza en medio de las tribulaciones que hoy nos toca vivir.

Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Miguel Ángel Ortega