Desgraciadamente, el 17 de septiembre fue aprobada una resolución del Parlamento Europeo contra la reciente legislación de Lituania que enmienda su ley sobre la protección de los menores contra los efectos perjudiciales de la información pública. Dicha reforma legal –que entra en vigor el 1 de marzo de 2010-, prohíbe divulgar directamente entre los menores información pública en la que se promuevan las relaciones homosexuales, bisexuales o polígamas por considerarse que tienen efectos perjudiciales en su desarrollo.

Los eurodiputados no están dispuestos a respetar las leyes nacionales adoptadas por los Parlamentos democráticamente elegidos (la ley criticada fue adoptada por el Parlamento lituano con 67 votos a favor, 3 votos en contra y 4 abstenciones). Tal actitud es una clara vulneración del principio de subsidiariedad consagrado en el Derecho comunitario.

El pasado mes de febrero le tocó el turno a la República Checa, que hubo de rechazar la crítica a la que el Parlamento Europeo sometió su política familiar. Chequia consideraba que cada país comunitario debería tener derecho a aplicar su propio modelo de política social y familiar conforme a sus costumbres y tradiciones. Sin embargo la pretensión de la UE de homogeneizar ideológicamente el espacio europeo es cada vez más evidente, a pesar de declaraciones y tratados de derechos humanos que consagran la libertad como principios esencial del espacio comunitario. Por ello, el presidente checo, Vaclav Klaus, cuyo país ejercía la presidencia semestral de la UE, comparó en su discurso en la sede del Parlamento Europeo el proyecto de integración de Europa con el régimen totalitario soviético porque no permite alternativa ni oposición parlamentaria. La clave según Klaus estaría en el «déficit democrático de la UE», donde «las decisiones las toman los burócratas, las élites». Por tal motivo cómo además, muestra la evidencia-, el reforzamiento del poder del Parlamento Europeo solo aumentará los problemas.

Es permanente la presión comunitaria sobre países que aprueban leyes y medidas en defensa de la familia y los menores, como se ha visto igualmente en otros casos como los de Polonia y Eslovaquia. En este contexto hay voces que merecen ser escuchadas y que indican los peligros para las personas que habitamos en el espacio europeo, derivados de la agenda ideológica de esta Unión Europea. Así, Vladimir Bukovksy, antiguo disidente soviético, ha expuesto con contundencia sus temores de que la UE esté en camino de convertirse en otra Unión Soviética. Ese “monstruo”, afirma, tiene que ser destruido antes de que se convierta en un estado totalitario: “me refiero a las estructuras, a ciertas ideologías instauradas, a los planes, la dirección, la inevitable expansión y el sacrificio de las naciones.” Bukovksy continúa: “El Parlamento Europeo me recuerda al Soviet Supremo, por la forma de ser designado. Si nos fijamos en la Comisión Europea, parece el Politburó” sin elección ni control real por parte de los ciudadanos.

Es cierto que, tras los encontronazos de Países Bajos, Francia e Irlanda, los responsables comunitarios (y de modo cómplice, los dirigentes políticos nacionales) evitan a toda costa la más democrática forma de participación popular: el referéndum. La Constitución europea no será por ello un acto fundacional constituyente del pueblo europeo, sino una sucesión de cerradas aprobaciones indirectas a través de los parlamentos, que son, como se ha visto en tantas ocasiones, incapaces de defender la realidad más profunda del ser humano, las raíces genuinas de nuestra cultura europea y la identidad propia. Por ello, resulta insultante el despotismo “ilustrado” del comisario socialista Joaquín Almunia, para el que no es «muy democrático» someter a referéndum aquellas cuestiones que requieren un conocimiento más específico por parte del ciudadano. El referéndum constitucional no es, según Almunia, “el mejor ejemplo de democracia porque los referendos, para que de verdad sean algo con lo que los ciudadanos se puedan sentir cómodos y sin presión, hay que plantearlos con preguntas muy claras y simples» (sic).

El recién elegido por segunda vez Presidente de la Comisión Europea, Durão Barroso, está planeando abrir una nueva Dirección General con el Comisario por los Derechos fundamentales, que en la práctica supondrá aumentar el peso institucional y las herramientas de los lobbies “LGTB” (Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales), que ya lograron la aprobación en el Parlamento europeo de la nefanda Directiva sobre antidiscriminación que supondrá, de hecho, la institucionalización de la ideología de género y el aplastamiento legal de las creencias y perspectivas disidentes en todos los Estados miembros de la UE.

José Luis Bazán