Hace escasos días, la Agencia Europea de Derechos Fundamentales (FRA) presentaba una controvertida encuesta sobre violencia contra personas homosexuales. Los motivos de la controversia, además del enorme gasto del dinero de los contribuyentes que ha supuesto, 370.000 euros, provienen de los resultados que se han hecho públicos y de las irregularidades detectadas en su realización. Según el sondeo, 93.000 personas identificadas como LGBT habrían sufrido acoso por su opción sexual y un 25% de ellas habrían sido víctimas de violencia física.

Diversos organismos y colectivos europeos han cuestionado estos resultados al detectar fallos en la realización de los cuestionarios, que permitían que la misma persona respondiera más de una vez, la escasa imparcialidad de las preguntas y la incongruencia con los datos policiales respecto a agresiones violentas en Europa.

Con esta encuesta que, presuntamente, evidenciaba el alto grado de discriminación y violencia que existe en Europa contra los LGBT, se trataba de impulsar una Ley de Igualdad que fomentara una discriminación positiva claramente favorable a los intereses del Lobby Gay.

Paralelamente en España, los colectivos afines de LGBT han hecho público los resultados de estudios sobre el maltrato escolar y el bullying contra menores homosexuales, cuyos resultados son altamente discutibles por la forma en la que se infieren y porque en absoluto coinciden con otros datos existentes. La finalidad última de esos informes es solicitar una ley que permita a estos colectivos impartir sus talleres de diversidad sexual en los centros escolares de menores a cargo de las correspondientes comunidades autónomas o ayuntamientos.

La lucha contra el acoso entre menores es algo en lo que todos estamos implicados y naturalmente valoramos positivamente. Lo que no es admisible es que se mire más por unos posibles acosados que por otros. Por eso abogamos por un plan integral contra el acoso escolar que no excluya a otras posible víctimas de acoso como son los menores con obesidad, con minusvalías físicas y psíquicas o con características faciales que los hacen ser motivo de burlas, como pueden ser las orejas o la nariz, y que en diversos estudios presentan ratios de acoso paralelas a la homosexualidad.

Por otro lado, los cursillos sobre diversidad sexual que imparten los colectivos de LGBT, y que han sido analizados por miembros de Profesionales por la Ética, presentan un alto nivel ideológico con independencia de la aceptación de la diversidad sexual y las personas LGBT. Su argumentario se basa en la Ideología de Género y en concepciones éticas y morales que no todos alumnos y padres comparten lo que supondría la conculcación del derecho a la educación de los menores en los valores que los padres desean. Por ello se desaconseja la posibilidad de que estos colectivos sean autorizados de forma oficial a impartir cursillos a los menores sobre una forma específica de acoso.

De todos estos datos, parece evidenciarse que la estrategia inmediata del lobby gay es la utilización de datos de acoso y violencia contra los homosexuales, obtenidos de forma irregular, para obtener legislaciones ventajosas que les generen un trato de favor en diversos ámbitos y que les permitan acceder a los menores en sus centros escolares.

Alicia V.Rubio Calle