Luis Ignacio Amorós RLa denuncia realizada por Profesionales por la Ética sobre la campaña favorable a la eutanasia que lleva cabo la Asociación Derecho a una Muerte Digna en dos ayuntamientos madrileños ha merecido el comentario del médico y columnista de Infocatólica Luis Ignacio Amorós.

En su artículo, el doctor Amorós se refiere a las mesas dedicadas a la muerte digna por los profesionales de la sanidad en el reciente II Congreso de la Profesión Médica, organizado por la Organización Médica Colegial (OMC).

Transcribimos a continuación  el texto completo de esta columna, que lleva por título «Muerte digna: hablan los médicos».

 

MUERTE DIGNA: HABLAN LOS MÉDICOS

Luis Ignacio Amorós

(Infocatólica, 16/06/2010)

Publica Infocatólica esta semana la noticia de que a la asociación “derecho a morir dignamente” (DMD), presidida por el médico Luis Montes, eutanasista confeso, le ha sido encomendada por los ayuntamientos madrileños de Getafe y Rivas-Vaciamadrid, la “asesoría ciudadana sobre muerte digna”. Empleando este conducto, entregan a los ciudadanos que preguntan sobre el tema un “testamento vital” de corte ideológicamente eutanasista. La mayoría de las personas confían en los médicos que les atienden, y probablemente firmarán semejante documento, fiados en la base ética del mismo.

 Hace dos meses, los días 16 y 17 de abril de 2010, tuvo lugar en el hotel Meliá Castilla de Madrid el II congreso de la profesión médica, organizado por la Organización médica colegial (OMC), con participación de todos los colegios médicos de España. En él, los galenos trataron numerosos problemas de actualidad profesional. A través de un resumen de prensa generalista, Juanjo Romero ya trató en un artículo lo que allí se habló acerca del aborto, que tan poco coincidía con lo que la tendencia legal y el pensamiento políticamente correcto actuales propugnan. Casualmente hace unos días ha llegado a mis manos el resumen del congreso, realizado no por medios de comunicación marcados por una línea editorial, sino por la propia revista del colegiado, es decir, la transmisión fiel de lo que allí se dijo y las conclusiones que se sacaron.

Pues bien, hubo 2 mesas dedicadas a la muerte digna: una sobre cuidados paliativos, y otra sobre eutanasia. Quiero transcribir lo que opinan sobre estos temas los representantes experimentados de los médicos españoles, y que cada lector pueda basar su postura personal en lo que la profesión médica realmente piensa, libre de la interpretación sesgada que un editorialista político haga. Las negritas son mías.

La mesa 10 trató sobre los cuidados paliativos, admitiendo que muchos de los pacientes que sufren enfermedades crónicas, degenerativas o cáncer padecen al final de su vida un sufrimiento intenso, y precisan una atención especial en la que debe estar implicada toda la sociedad. Jacinto Bátiz, secretario de la Comisión central de Deontología de la OMC: “Recibir una adecuada atención médica al final de la vida no debe considerarse un privilegio, sino un auténtico derecho. Los cuidados paliativos han demostrado eficiencia ya que provocan un impacto muy positivo sobre la calidad de vida del enfermo (alivio de síntomas, buena comunicación y relación médico-paciente, entre otros). Asimismo, esta atención sirve de apoyo en las familias y complementa al resto de las medidas que influyen sobre los sistemas sanitarios, además de ahorrar costes”. Los panelistas de la mesa apoyaron la importancia del establecimiento de cuidados paliativos de una forma universal y de calidad. Además, los médicos se inclinan porque antes de despenalizar la eutanasia el gobierno central, y los autonómicos, deberían de garantizar una atención universal y de calidad a los enfermos en situación terminal.

Aún más interesante fue la mesa 11, cuyo título fue “el enfermo, la eutanasia y el médico”, en la que se postuló que el médico no puede ignorar ni mirar hacia otro lado cuando un enfermo terminal manifiesta que no desea seguir viviendo de la manera que lo hace, acompañado por un sufrimiento continuo e insoportable. El doctor Bátiz afirmó que “los médicos nos sentimos fracasados cuando no podemos curar. Pero debiéramos ser conscientes que el verdadero fracaso es tener que admitir la eutanasia como solución alternativa al alivio de síntomas y a la comunicación. El fracaso se produce cuando nos planteamos quitar la vida a un enfermo porque no sabemos como mejorar sus síntomas ni como modificar las circunstancias personales en las que está viviendo. Ante un enfermo en situación terminal lo que se hace o se deja de hacer con la intención de prestarle el mejor cuidado permitiendo la llegada de la muerte, no sólo es moralmente aceptable, sino que muchas veces llega a ser obligatorio”. Miguel Ángel Cuervo, de la unidad de cuidados paliativos del hospital de Badajoz, explicó desde su experiencia que menos del 1% de los enfermos en situación terminal solicitan la eutanasia si están bien atendidos. “La mayoría de los estudios y encuestas a favor de la eutanasia adolecen de un rigor metodológico, ya que las personas que contestan lo hacen en base a un deseo futurible, pero no están viviendo esa situación. Además, muchas de esas encuestas se realizan a médicos que no se dedican a los cuidados paliativos, y por tanto no atienden día a día a este tipo de pacientes”. Diego García, catedrático de Historia de la Medicina de la universidad Complutense: “a lo mejor, cuando una persona quiere morir, lo que quiere decir es que quiere morir de otra manera. Nos hemos enzarzado en un debate de eutanasia sí o no, que es muy artificial y nos hemos olvidado de promover los cuidados paliativos, mejorar los síntomas de los enfermos terminales, como el manejo del dolor, y otros. Nadie puede irse a un remedio extremo sin haber agotado antes los intermedios”. Hubo unanimidad de todos los congresistas al mostrarse en desacuerdo con la despenalización de la eutanasia del código penal y señalar que no la realizarían aunque estuviese despenalizada. La mayoría opina que la causa de que el enfermo solicite la eutanasia es por un mal control de los síntomas, por lo que se reducirían considerablemente las peticiones de eutanasia si existiese un buen sistema universal de cuidados paliativos en España.

Hasta aquí las conclusiones de los profesionales del congreso médico. Uno se pregunta qué tipo de legislación sobre la muerte digna habría en España si los diputados que han de legislarla escucharan el parecer de los profesionales del ramo que tienen más conocimientos y experiencia sobre el tema, y no estuviesen sujetos a la disciplina de partidos que les marcan su voto en base a presupuestos ideológicos o a intereses bastardos, sino a su criterio libre y bien formado. Este que aquí reproducimos es el verdadero parecer de los médicos españoles, más allá de la imagen distorsionada que columnistas o series de televisión hagan llegar. La eutanasia no es sino el tiro de gracia al moribundo, y documentos como el de la asociación DMD sólo pueden ser promovidos por médicos frustrados por su fracaso, que una vez se convencen de la imposibilidad de su triunfo sobre la enfermedad, lo único que quieren es perder de vista lo más rápidamente al paciente, desatendiendo ese principio de la Lex Artis que obliga a acompañarlo hasta el irremediable final. Modelos de “testamentos vitales” que sólo pueden ser apoyados por teorías de gestión que no quieren asumir nuevos costes en atención especializada al enfermo terminal: es más barato rematar a los incurables que gastar medios humanos y técnicos en confortarles hasta que su vida llegue a su término. Pero un médico responsable jamás puede anteponer su propio desaliento o el ahorro de costes por encima de su principal cometido: la atención a la persona, curándola cuando es posible, y aliviando sus sufrimientos cuando no lo es. Nunca matándola, porque esa actuación es la antítesis de lo que la vocación médica supone.

Como ha sucedido en otras situaciones, llama la atención comprobar como, cuando los científicos llevan su camino conforme a las reglas de su profesión, acaban ajustándose a una ética prácticamente igual a la que enseña la Iglesia católica. Todo el Magisterio sobre el valor de la vida humana, y muy particularmente la declaración Iura et Bona, de 1980 (que ya cité hace un par de artículos), se basa tanto en presupuestos divinos sobre la sacralidad de la vida, como en su comprobación a través de la experiencia del sufrimiento y su atención, en el que tantos cristianos han participado a través de los siglos. A similar conclusión llega la organización profesional de médicos españoles, demostrando que la cultura de la muerte es ajena tanto al espíritu cristiano como a la ética humanística de los médicos.

http://infocatolica.com/blog/matermagistra.php/1006160941-muerte-digna-hablan-los-medic