cruz

Esta frase pronunciada por Zapatero durante la campaña electoral de 2004 resume, a mi juicio, el proyecto ideológico que lleva a cabo, con notable éxito, el actual Gobierno. Si algo le importa al presidente y a sus terminales político-mediáticas es acelerar su proyecto de transformación radical de la sociedad española. Y para llevarlo a cabo ha reinventado la familia, redefinido la dimensión afectivo-sexual, moldeado las conciencias de los niños, convertido el delito en derecho e introducido la perversión de menores en la escuela. Ahora es preciso dar un paso más: necesita desterrar el sustrato, las raíces y la savia que nutre todavía a buena parte de nuestra sociedad e ilumina la existencia y la conciencia de los españoles. Necesita acabar con cualquier signo externo o manifestación pública de la fe católica y con la influencia de la Iglesia y su magisterio en la sociedad, algo que le preocupa y mucho porque resulta un freno a su «misión» de «modernizar España». Lo sucedido ayer en la Comisión de Educación del Congreso de los Diputados hace más visible y sangrante el proyecto ideológico zapateril pero no deja de ser un escalón más en la pendiente.  En vísperas de conocerse el anteproyecto de Ley de Libertad Religiosa, ahí queda eso. Habrá que ver si la sociedad española y sus adormecidos cuerpos intermedios no se dejan engañar o comprar de nuevo y defienden sus derechos y libertades fundamentales con firmeza.

Que profética resulta ahora esta estrofa que cantan los objetores a Educación para la Ciudadanía, conscientes de que su batalla es una cuestión de libertad y dignidad frente a la pretensión totalitaria de apoderarse de las almas de sus hijos:

Te obligarán a confesar que dos y dos son tres.

Mañana serán cinco.

Quieren derribar a Dios,

nos cuentan que han encontrado

un sustituto fijo.

Más deporte y menos religión;

de cintura para abajo, el nuevo opio del pueblo.

Teresa García-Noblejas