Luca Volonte en Madrid 17 mayo 2011Luca Volontè, diputado italiano y Presidente del Grupo Popular de la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa, es una de las figuras de mayor relieve en la renovación de la actividad y el discurso políticos en nuestro continente.

Volontè ha visitado estos días España y el pasado martes participó en un desayuno de trabajo que, organizado por Profesionales por la Ética, reunió en Madrid a un significativo grupo de representantes del mundo académico, los medios de comunicación social, la política y la sociedad civil. El tema de su primera reflexión, que fue seguida después por un amplio y fructífero diálogo sobre diferentes temas de actualidad, fue Principios y política en Europa: paradojas y posibilidades de acción.

Dado el alto interés que despertaron las palabras iniciales del politico italiano, reproducimos a continuación el texto completo de la intervención, que amablemente nos ha facilitado su autor. El documento puede descargarse también en pdf pinchando aquí.

Leer el editorial de la COPE «Esperanza para la política» (18/05/2011).

Leer también en nuestro blog «Ocupar el espacio público: un reto para los cristianos».


PRINCIPIOS Y POLÍTICA EN EUROPA: PARADOJAS Y POSIBILIDADES DE ACCIÓN

Luca Volontè

Diputado en la Cámara de Diputados de Italia y Presidente del Grupo Popular en la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa

(Intervención en el desayuno de trabajo organizado por Profesionales por la Ética. Madrid, 17 de Mayo 2011)

1) El título de nuestra reflexión lo declara desde el principio: ¿cuáles son los valores fundamentales para la política?

Servir al bien común, crear las condiciones para el bienestar general, promover la libertad de las personas, las familias y la sociedad (principio de subsidiariedad), valorizar la economía social de mercado (libre mercado, pero también Estado como garante de las oportunidades y la solidaridad con todos). Todo esto es cierto, ningún político europeo diría lo contrario.

Pero yo creo que para un cristiano hay algo más, hay valores no negociables, sobre los que no hay posibilidad alguna de mediación, y que son los mismos derechos naturales que se encuentran en las declaraciones universales. El cardenal Ratzinger así los definía en su Nota doctrinal de 2004: el derecho a la vida (desde la concepción hasta la muerte natural), el derecho a la familia (hombre y mujer y los hijos), el derecho a la libertad de enseñanza (pública, privada y familiar), el derecho a la libertad social.

Los políticos que se comprometen en los partidos cristianos, el PPE tienen estas raíces en su base, deben esforzarse por promover estos derechos no negociables y sólo en caso de que no lo consigan, deben afirmar sus razones en público y comprometerse para “limitar los daños” causados por eventuales limitaciones a esos derechos.

2) Estos derechos, una vez establecidos en las cartas internacionales o en las palabras de los políticos, deben tener una aplicación real.

Vivimos en tiempos graves y fructíferos, graves por los peligros y las constantes violaciones de los derechos fundamentales en Europa, y también cargados de expectación, de preguntas para cada uno de nosotros. Tanto los que se comprometen en la vida pública social como los políticos tienen que responder con acciones a las afirmaciones de principio.

Algunos ejemplos:

En Europa se respeta la libertad religiosa. Obvio, pero falso. Obvio porque en todos los países europeos este principio es declarado, pero falso, porque los ejemplos de cristianofobia que se dan en países de Europa nos lo demuestran.

El crucifijo prohibido a los empleados de British Airways, a los empleados de los hospitales británicos, los símbolos religiosos prohibidos en las oficinas públicas de Bélgica, todas estas son manifestaciones de no libertad religiosa.

En los últimos años, hay una tendencia, de naturaleza política y social, a la violencia en contra de los cristianos. No es nada nuevo, desde hace 2000 años vivimos la misma historia, haría falta leer a menudo a Diogneto, somos extranjeros en este mundo. La intolerancia hacia los cristianos es especialmente parecida a la de los regímenes totalitarios del pasado, las transmisiones de radio y televisión de la BBC inglesa sobre la Virgen-prostituta, los ataques a iglesias y librerías españolas en Madrid, las procesiones ateas blasfemas en muchas ciudades españolas durante la Semana Santa, son señales ante las que la autoridad civil tiene el deber de intervenir para asegurar la libertad de religión y la libertad de conciencia de los cristianos.

3) En las últimas semanas vimos la otra cara de la violencia y la mentira: se aprobó la Constitución de Hungría que se centra en la bendición de Dios sobre el pueblo, las raíces cristianas y los valores de la vida desde la concepción y de la familia fundada en el matrimonio de un hombre y una mujer. La mayoría de los medios de comunicación de Europa, empujados por los partidos liberales y socialistas, tacharon esa Carta fundamental de retrógrada, ultra-conservadora y antieuropea.

Pues bien, en esa Carta, hay amplias referencias a los derechos humanos, a las declaraciones universales, a las tradiciones europeas. ¿Por qué sucedió esto? Porque el nivel de la confrontación ha subido, el nuevo anticristianismo no puede contentarse ya con condicionar a las personas, ni con intimidar a la Iglesia, sino debe tratar de censurar a pueblos y naciones.

4) El mito del hombre nuevo, no sólo es hijo de la ideología comunista, aquel “sol del porvenir” que condujo a la muerte en los GULAG a 100 millones de personas.

La idea de la nueva humanidad más digna de vivir, más adecuada, más feliz por gracia del estado, corre desde la revolución francesa y el positivismo de Comte hasta Malthus y los eugenistas británicos de finales del siglo XIX. Esta ideología elimina a los diferentes, a los extranjeros, por lo tanto ahora no puede tolerar a nadie que defienda esta diversidad, debe acorralar a quien no se adapta a la homologación de su poder.

Por eso el desafío por la libertad religiosa impone un ataque igual de malvado a la libertad de conciencia. Sin embargo, como bien dice G. Orwell en su profética novela 1984, «las cosas obvias, las cosas sencillas, las cosas verdaderas hay que defenderlas… ellos pueden decir cualquier cosa, pero ¡no pueden hacer que nosotros creamos en ella!».

Puede ser que haya una ideología y una política, junto con un interés económico, que quieren hacernos creer que no hay diferencia entre la verdad y la mentira, entre la vida y la muerte, incluso ahora se nos dice que está bien matar a un pariente nuestro con la eutanasia, como si el asesinato por ley de un anciano enfermo fuera distinto de cualquier otro homicidio. El más fuerte, a saber la sociedad, se arroga el derecho – injustificable en términos laicos – de matar a un niño concebido, y ahora también quiere matar a los abuelos.

Ya es tiempo de reaccionar, de actuar con una propuesta y una presencia de hombres de verdad en la sociedad y la política, una propuesta que toca todos los aspectos de la vida, que sanee la sociedad y vuelva a llamar las cosas por su nombre, a expresar juicios y decir la verdad «.

La verdad hay que decirla para que las cosas cambien: el ejemplo de los maestros de Europa del Este nunca podemos olvidarlo, sólo así el Occidente cambiará. Aleksandr Solzhenitsyn había visto el camino, es el mismo camino en el que el gigante Wojtyla y Benedicto nos invitan a seguir, a caminar con Jesús, y, para aquellos que creen, esta es una peregrinación totalmente distinta.

5) “¿Qué hacer?” decía Lenin, pero nosotros también decimos lo mismo. «Primum vivere«, vivir en la verdad de nuestra amistad, vivir en la sociedad, en nuestra profesión, sin censuras, sin ningún tipo de sometimiento psicológico a los mentirosos de hoy.

En segundo lugar, la verdad tiene que realizarse poco a poco en la vida real. Quiero empujaros aún más a trabajar juntos, los médicos y los laicos pro-vida, los abogados y los políticos, las familias y los estudiantes universitarios: una amistad que mira a Cristo es capaz de todo.

Tercero, hay que volver a empezar desde el hombre. Nikolai Berdiayev, en 1932, mucho antes del famoso “drama del humanismo ateo” de de Lubac, vio con claridad el peligro que nosotros vivimos hoy: “los hombres renegaron de Dios, pero al hacer eso pusieron en tela de juicio la dignidad del hombre”. Este hombre-objeto entra en crisis y se encuentra extraviado justamente hoy, en plena crisis económica, en pleno retroceso del bienestar drogadicto de hace unos años, y se abre un espacio enorme para aquellos que quieren defender al hombre, su dignidad y sus derechos fundamentales. A Augusto del Noce le gustaba decir que la sociedad de la abundancia era la única nacida no de una religión, sino contra la religión, una sociedad que ha creado a hombres vacíos para llenarlos de mercancías, de objetos, de placeres, pero el hombre tiene una sed de infinito, de verdad inextinguible.

Nosotros tenemos el deber histórico, en España y en el resto de Europa, de relanzar esta verdad y despertar este anhelo.