Es normal que todos deseemos lo mejor. Y si es para nuestros hijos, además tenemos el aplauso general del público.

El llamado «Estado del bienestar» dice mucho ya en el mismo título; «Bienestar», eso es lo que buscamos, para nosotros y para aquellos a los que más queremos y están a nuestro cuidado.

Pero con frecuencia confundimos lo «mejor», el «bienestar», con lo «más cómodo». Y «bienestar» y «mejor», no van siempre asociados a «comodidad».

Nosotros siempre hemos querido lo mejor para nuestros hijos. Pero no siempre es fácil determinar qué es lo mejor.

Nuestro hijo ha terminado el presente curso con unas calificaciones excelentes. Estamos realmente muy orgullosos de él, de su esfuerzo y trabajo. Nos ha demostrado que es un estudiante excelente. Pero ha suspendido una asignatura, «Educación para la Ciudadanía», porque hemos considerado que en este caso, lo «mejor» era presentar la objeción de conciencia, a causa del adoctrinamiento que se esconde en los Reales Decretos que definen este caballo de Troya moral.

Reconocemos que no es una postura cómoda, que a nuestro hijo no le gusta ver un 1 en su, por otra parte, impecable expediente.

Pero es que para nuestra familia, ese pequeño sufrimiento es, en este caso, lo «mejor». Y todos buscamos eso, ¿o no?

David González