Desde que el Papa Pablo VI, en el año christian_refugee_child_syria1968, propusiese «a todos los hombres de buena voluntad», que el día 1 de Enero, solemnidad de Santa María Madre de Dios, se celebrase la Jornada Mundial por la Paz, han pasado cuarenta y cuatro años, casi medio siglo. Para esta ocasión, haciendo un renovado y apenado llamamiento a esos hombres de buena voluntad, el Papa, Benedicto XVI, ha escogido como lema de su mensaje a la Humanidad entera: La libertad religiosa, camino para la paz. Nos puede parecer un sinsentido que en los comienzos de la segunda década siglo XXI, el sucesor en la Cátedra de Pedro, nos recuerde que, todavía, hombres y mujeres en el mundo, soportan violencias e intolerancias y nos llame a la reflexionar sobre la libertad religiosa hoy, que, en algunas partes del mundo, la religión comporta un riesgo para la vida. El Santo Padre denuncia con claridad y firmeza la persecución que sufren los cristianos en no pocos lugares y recuerda con dolor a los cristianos muertos en los recientes y luctuosos sucesos acontecidos en el lugar que el Antiguo Testamento cita como patria de Abraham, nuestro padre en la fe, y a tantos y tantos que, calladamente, dan su vida por Cristo en cualquier rincón de la Tierra.

El derecho a la libertad religiosa, se cimienta en la misma dignidad humana cuya naturaleza transcendente no se puede desatender ni ignorar, por eso, la libertad religiosa tiene su fundamento en la misma libertad del hombre, y si la libertad religiosa es camino para la paz, la educación religiosa es una vía substancial que capacita a las nuevas generaciones para que, reconociendo en el prójimo al hermano, le ayude a caminar por el sendero en el que todos, sin distinción de credo, se sientan miembros vivos de la misma familia humana, de la que nadie debe ser excluido por sus creencias religiosas.

Marcos Antonio Galiana Cortés

(Artículo publicado en el Boletín de la Parroquia Santa María del Bosque (Madrid)