Abdicar de la vida genera actitudes negativas, rechazo y desesperación ante el sufrimiento propio y ajeno. Además, observamos que las personas que se suicidan dejan un rastro de dolor, un rastro de amargura y daño psicológico en su entorno familiar.

Suicida-depresionEs moralmente rechazable porque la legalización de la eutanasia crea escuela, pues tiene un efecto pedagógico en el ser humano, en cuanto que enseña un modo de respuesta negativa ante esas circunstancias.
Hacer lícita la eutanasia voluntaria propicia el desánimo y fomenta en los enfermos que sientan la cuasi-obligación de pedir que con ellos se haga lo mismo. Condiciona y perpetúa esas actitudes negativas (desánimo, tristeza, abandono, muerte). Por si misma establece una coacción sobre los pacientes.

En sí misma es moralmente rechazable porque lleva a no reconocer la ambivalencia, la ansiedad y depresión que subyace en una petición de muerte, pudiendo morir aterrado sin que nadie se dé cuenta de ello. La experiencia muestra las fases de rechazo- negación etc. existen y deben ser exploradas y tratadas. Mientras sea ilegal la eutanasia, la exploración y tratamiento con cuidado, destreza y diligencia están salvaguardados.

También es moralmente rechazable porque nos está diciendo que no quiere vivir «así» pero, no se investigan sus necesidades primordiales (familia, soledad, necesidades espirituales, etc.) que, con los recursos y alternativas oportunas, el paciente se encontraría satisfecho. Mientras hay vida hay esperanza de poder hacer algo que dé significado a la vida, que transforme su vida, mientras dure.

Lo contrario, saber y enseñar a afrontar el sufrimiento, genera actitudes positivas de solidaridad, a veces de heroísmo, comprensión, apoyo y dedicación. Incluso nos lleva a ser mejores personas.
Lo meritorio siempre es costoso y necesitamos apoyo para la aceptación del sufrimiento (que, por otro lado, existe en cada día del ser humano) con propuestas positivas y creativas para una vida digna hasta el final.

Se puede encontrar soluciones mejores que legalizar la eutanasia para el problema de ayudar a las personas que se plantean pedir la eutanasia.

Una sociedad es más humana cuanto más sabe cuidar a sus miembros más débiles. La eutanasia es una respuesta a la frustración de no saber ayudarle en su enfermedad.

Al final la eutanasia conlleva una aceptación más de la violencia en la sociedad de nuestro tiempo, por eso la eutanasia voluntaria es moralmente rechazable, moralmente ilícita.

María Alonso. Médico de Familia