absolutcordobacuidadopersonasmayoresCuando una situación de enfermedad y dependencia resulta inevitable y las molestias de la vida pesan más que sus beneficios, la muerte de la persona que sufre se considera una ventaja. Entonces ¿por qué no causar una «muerte digna» en esa situación?

Por otro lado, las facilidades tecnológicas también hacen posible prolongar la vida de pacientes hasta una situación que resulta insoportable. Tal sufrimiento y agonía terrible cerca del fin de la vida es visto como una deshumanización. En esta situación, la aspiración por el control puede manifestarse en una decisión por la muerte. Hacer morir al paciente entonces se considera un acto de misericordia de parte del médico y de beneficio para el paciente. Ante la tecnificación y desarrollo de la medicina la respuesta que surge es conseguir control sobre la vida.

La defensa de la dignidad humana exigiría poder elegir el momento de la propia muerte, sería un acto libre, y como tal, reafirma la dignidad de una voluntad . Pero las personas que realmente contemplan la eutanasia como una posibilidad para sí mismas, ¿se plantean la cuestión en estos términos? ¿No estarán más bien buscando una salida rápida para resolver el problema? ¿No hay más dignidad en la valentía de afrontarlos, solicitando los recursos necesarios y encontrándolos? ¿No es exigible al Estado una respuesta más acorde a la auténtica dignidad de la persona (apoyo familiar, bajas laborales de cuidadores, desarrollo de unidades paliativas de calidad, recursos psicológicos, sociales, rehabilitadores etc ….) ¿No es esa la función del Estado y de la sociedad para una auténtica muerte digna: garantizar una vida digna hasta el final?

María Alonso. Médico de familia