ferrin

Si a Vd. se le ocurre citar en público el nombre que figura en el título de esta entrada (juez Ferrín) seguro que alguien exclamará: « ¿el juez que negó la adopción a una mujer porque estaba casada con otra?».

Y es que, como es sabido, la propaganda es un arma arrojadiza sumamente eficaz;  lanzas una piedra al agua y dejas que haga olas.

El pasado martes tuvimos ocasión de mantener un interesante encuentro con Fernando Ferrín. Y resulta que este juez de familia, condenado por el Tribunal Supremo (nada menos que por prevaricación), nunca denegó la adopción de nadie. Se limitó a aplicar la ley y el derecho internacional por el cual, en un caso de adopción, son los niños los que tienen derechos y no los adultos los que tienen derecho a adoptar a un niño.

Todo se desencadenó cuando Ferrin, encargado de juzgar el trámite de adopción, solicitó un informe psicosocial sobre cómo podía influir el hecho de tener «dos madres» (con ausencia de referente paterno) en el desarrollo de una niña de 1 año. Nada más.

Bueno, pues la petición de ese informe desencadenó la caza y captura del juez, que se vio envuelto en una nube de querellas, expedientes, sanciones, acusaciones, chantajes y amenazas. Con la complicidad de los llamados «jueces conservadores» y en una Comunidad autónoma gobernada por el PP con mayoría absoluta. Y con un Tribunal Supremo que le condena haciendo una valoración de sus creencias. Hubo quien le amenazó con esta significativa frase: «un católico no puede estar en un juzgado de familia».

En realidad Ferrín no había hecho ninguna mención a sus creencias para pedir un informe psicosocial en el procedimiento sobre adopción de una menor. Como tampoco se había negado a cumplir la ley en los procesos de divorcio que le había tocado resolver en el juzgado. Pero daba igual. En el encuentro con Ferrín del martes pasado se planteó si esta cacería del juez no fue una operación programada para aplicar una sanción ejemplarizante y advertir a los funcionarios (y a la sociedad en general) que los lobbies homosexual y laicista no iban a pasar ni una. El abogado que se querelló contra Ferrín es José Luis Mazón, un juez de Murcia conocido por su odio a lo católico; una de sus batallas más conocidas ha sido bajar de su cerro al Cristo de Monteagudo, una imagen emblemática para los murcianos.

Lo peor, como siempre, no son los «mazones» (con z o con s) sino los bienpensantes, los «suyos», los «conservadores» que han entregado su cabeza en una bandeja de plata a los que mandan.

En todo caso, y a la espera de hacer público un informe que estamos preparando sobre el caso Ferrín, me quedo con el rigor y la coherencia de un juez honesto, sencillo y trabajador.

Teresa García-Noblejas