El anuncio del descubrimiento del bosón de Higgs ha sido una de las informaciones de mayor impacto mediático en los últimos días, hasta el punto de que algunos lo han considerado «la noticia científica del siglo». Se trata, desde luego, de un hallazgo muy importante para el conocimiento del universo material, pero la nada afortunada calificación del bosón de Higgs como «la partícula de Dios» ha provocado, sin embargo, no poca confusión y algunas valoraciones totalmente descabelladas.

A este tema ha dedicado Javier Igea López-Fando, sacerdote y doctor en Astrofísica por la Universidad de Nueva York, una clarificadora Tribuna en el diario El Mundo con el título «¿Es el bosón de Higgs la partícula de Dios?». En ella, además de explicar de manera pormenorizada el significado científico del bosón de Higgs, lleva a cabo una valoración de las supuestas y pretendidamente polémicas implicaciones religiosas del descubrimiento.

El P. Igea empieza por subrayar que el descubrimiento debe enmarcarse en la permanente búsqueda del hombre para saber de qué esta hecho el cosmos. «Nos va la vida en ello  –afirma–, y además tiene implicaciones para la vida moral de las personas y de la sociedad».

Pero más allá de esta constación y explicado el alcance del bosón de Higgs para una mejor comprensión de la física, para Javier Igea «las implicaciones religiosas de este descubrimiento no son tales». El término «partícula de Dios» es en realidad una confusa e inadecuada traducción de una metáfora en inglés, tomada del título de un libro del Nóbel Lederman, que en realidad debe traducirse por «la partícula dios». Y es que la ciencia, aclara Javier Igea, «no trata directamente de Dios, pues éste no pertenece al mundo sensible, experimentable, aun cuando los creyentes pensamos que su acción en la historia puede ser detectada. Además, identificar a Dios con una partícula subatómica es una salvajada filosófica que nos llevaría al más radical panteísmo».

Pero aclarada la completa inconsistencia de las implicaciones religiosas a las que se han referido algunos medios, no debe eludirse el hecho de que, como afirma el autor, «este descubrimientos sirve para plantear una vez más las preguntas fundamentales que el hombre se hace sobre si mismo y sobre lo que le rodea».

«Detrás de cada científico –concluye– hay un hombre que busca saber, y en las preguntas que hace a la naturaleza hay una pregunta implícita sobre sí mismo y sobre Dios. La negación de Dios a partir de la ciencia solo se podría dar en el caso imposible de que la ciencia estuviese acabada y diese una explicación última de todo. Pero, después de Gödel, hay una pregunta que la ciencia no puede responder: ¿quién ha creado las leyes de la naturaleza que la ciencia descubre? La ciencia no puede explicarse a sí misma».

Descargar en pdf el artículo completo de la Tribuna del P. Javier Igea «¿Es el bosón de Higgs la partícula de Dios?» (El Mundo, 09/07/2012).