Corresponsables 2011Acaba de ver la luz el 6º Anuario Corresponsables 2011, la publicación anual de referencia de la Responsabilidad Social de las empresas y de todo tipo de organizaciones.

El Anuario del 2011, cuidadosamente editado por Media Responsable,  adopta por primera vez una novedosa estructura basada en grupos de interés y en él aparecen un millar de organizaciones, 144 casos prácticos y fichas corporativas, 273 buenas prácticas y un amplio resumen del V Informe Corresponsables, el mayor informe sobre RSE elaborado hasta la fecha.

Comprende también este Anuario un conjunto de tribunas de expertos en RSE, entre las que se encuentra la de Jaime Urcelay, Presidente de Profesionales por la Ética. Urcelay, cuyo trabajo lleva por título «Un sistema moral de referencia para la RSE», se refiere a la positiva recepción en Caritas in veritate del movimiento de la RSE y a la llamada de atención de Benedicto XVI en el sentido de que dicho fenómeno «necesita un sistema moral de referencia que evite la instrumentalización de la ética y que asegure que sus contenidos responden a la justicia y al verdadero bien del hombre».

Transcribimos seguidamente un resumen de la mencionada tribuna.

UN SISTEMA MORAL DE REFERENCIA PARA LA RSE

Jaime Urcelay

Presidente de Profesionales por la Ética

(Anuario Corresponsables 2011)

Con razón se ha señalado que la crisis económica es una crisis de valores. Muchas miradas se han vuelto así hacia el movimiento de la RSE como cambio profundo y prometedor en la manera de entender la empresa.

De entre estas voces ha habido en 2009 una especialmente autorizada y es la del Papa Benedicto XVI, quien el 29 de junio publicó la encíclica social Cáritas in veritate. En este documento presta particular atención a las actuales tensiones de la empresa y  dedica algunas reflexiones de gran valor a los procesos que se desarrollan en torno al fenómeno de la RSE, que ‘son apreciados y merecen un amplio apoyo’.

Para el Santo Padre el principio fundamental es que la RSE necesita un sistema moral de referencia que evite la instrumentalización de la ética y que asegure que sus contenidos responden a la justicia y al verdadero bien del hombre. Debe tratarse de una ética ‘amiga de la persona’.

Para ello, el documento ofrece una aportación específica, que se funda en la creación del hombre a imagen de Dios, algo que comporta la inviolable dignidad de la persona humana, así como el valor trascendente de las normas morales naturales. La encíclica recuerda que la ética puede y debe tener espacio en todas las fases de la actividad económica, porque en todo momento tiene que ver con el hombre y sus derechos.