savater

Savater siempre interesa y nunca defrauda. En su último artículo de Tribuna publicado el 29 de diciembre en el diario El País, el ilustre filósofo Fernando Savater nos recuerda lo incómodo que le resulta al sistema totalicrático en que vivimos la disidencia de los que tienen principios. Por cierto, lo hace a colación de su participación en un congreso organizado por Gianni Vattimo, el gran (y caduco, diría yo) hermeneuta del pensamiento débil. Los de la debilidad del ser y el relativismo antropológico total que ahora se llama “alianza de civilizaciones”. Por cierto, activista homosexual y fundador del transnacional Radical Party, la multinacional laicista a la que pertenece el amigo Savater. Transnacional libertaria, anticlerical y ambientalista, entre otras lindezas que ellos mismos se atribuyen en su web.

Pero no nos perdamos. Cito el artículo de Savater:

No son los minaretes ni los campanarios los que amenazan las libertades públicas, sino aquellos feligreses o dignatarios religiosos que ponen su pertenencia a una fe por encima de sus obligaciones con el sistema democrático que las permite convivir a todas sin desgarramientos ni indebidos privilegios. Frente a la cultura de la pertenencia —acrítica, blindada, basada en el sacrosanto “nosotros somos así”— está la cultura de la participación, cuyas adhesiones son siempre revisables y buscan la integración de lo diferente en lugar de limitarse a celebrar la unanimidad de lo mismo.

En primer lugar, resulta llamativo (no digo ofensivo porque ofende el que puede, no el que quiere) que considere comparables el campanario y el minarete: ni en su aportación a la configuración cultural, ni en cuanto a su arraigo en España, ni en los valores que ambos tratan de significar en el paisaje, ni por supuesto en sus aportaciones a la civilización, a la justicia, a la igualdad de todos los hombres y a las libertades, son elementos comparables. ¿Tal vez Savater participa del entusiasmo del ministerio de Justicia y de grandes instituciones europeas para incentivar la construcción de mezquitas y financiar el surgimiento y sostenimiento de cientos de entidades musulmanas en España? Tal vez. No será para tanto, digo yo. Se puede ser laicista y anticlerical, pero tan tonto como para cavar la propia tumba…

Pero si vamos al fondo de lo que afirma Savater, el ciudadano que actúa conforme a unos principios firmes, anteriores a su condición de ciudadano, y que no renuncia a ellos en su vida social, es enemigo de las libertades, y por tanto de la democracia. Por supuesto, se le permite integrarse como «diferente» siempre y cuando tenga clara la jerarquía de valores: primero demócrata (como los que ostentan el poder entienden la democracia), después lo que le dé la gana. Del minarete o del campanario, blanco o azulgrana. Es decir, que vale ser cristiano, pero elije: señalado y marginado, o incoherente (aggiornado). La pertenencia (me gusta la palabra) a Cristo no vale en la democracia que tratan de imponernos, porque es acrítica, blindada, basada en el sacrosanto «nosotros somos así». Pues no, señor Savater -Zapatero en catalán-, precisamente es el criterio propio lo que permite ser crítico, y permite proponer al exterior y sin blindajes lo que uno entiende como bueno y justo. Usted que es tan leído debería saberlo, pero parece que la ideología democratista nubla el entendimiento. Algún malicioso diría que trata usted de ocultar la verdad manipulando el lenguaje como en su Ética para Amador, en un artificio de demagogia impropio de su oficio.

Pero sigue Savater, no se piensen que estaba todo dicho: El problema de fondo es que las identidades particulares con las que cada uno definimos lo que somos gozan de una calidez entusiasta y egocéntrica a la que difícilmente puede aspirar la más genérica y compartida identidad democrática. Cada cual disfruta o padece (pero deliciosamente) su ser y sólo se resigna a estar con los demás. De ahí la importancia de una educación cívica, la denostada Educación para la Ciudadanía, que razone y persuada para la formación de un carácter verdaderamente laico en todos los aspectos.

Y algunos párrafos antes había aclarado lo que es ser «verdaderamente laico en todos los aspectos»: A esta última, que respeta el ser de cada cual pero lo subordina en asuntos necesarios al estar juntos con quienes son de otro modo, es precisamente a lo que se llama laicismo. Por tanto, EpC está diseñada para subordinar la fe a la condición democrática, para someter la condición identitaria que sea (y especialmente la religiosa) a la primacía de lo que imponga el sistema.

Pues hombre, no es así, Don Fernando, y perdóneme el trato antiigualitario, pero usted casi me dobla la edad, y la autoridad es la autoridad. Vale que la identidad de madridista o culé vaya por detrás de la de ciudadano y demócrata; pase que lo de ser caucásico, vascón o subsahariano (¿le agradan los palabros débiles, no?) no tenga ningún tipo de repercusión a efectos políticos y administrativos. Hasta aquí, de acuerdo. Pero oiga, el mortal con triple tirabuzón, a su edad suele acabar en tragicómico esperpento: que me pida que anteponga lo que usted y sus colegas traten de venderme como legal y, por tanto, obligatorio, que lo anteponga a mi identidad de padre, o de cristiano, a mi pertenencia a la Verdad, al Bien, definitivamente no lo voy a hacer. Si además forma parte de un programa antropológico relativista y laicista, que arrebata cualquier posibilidad al hombre de comprenderse a sí mismo y a ser feliz, menos aún. Y si al final pretenden inocularlo a mis hijos en la enseñanza reglada, desde su infancia a través de EpC, para conformar una nueva sociedad de ciudadanos como Vattimo y Savater, definitivamente me tendrán enfrente. A usted no le basta con que me quite el crucifijo, necesita que lo pisotee postponiendolo al DNI, a la nómina o a la declaración del IRPF. Y no le basta con que no le hable de Dios a mis hijos: quiere hacer que piensen y sientan como usted.

Y ¿sabe una cosa? Como soy un hombre de pertenencia y con identidad propia, le obsequio con un pensamiento fuerte: antes muerto.

Fabián Fernández de Alarcón