liderLos analistas aseguran que la crisis que asola a Europa se debe a eso tan abstracto que es «la prima de riesgo»; otros dicen que la culpa es de que no hay líderes como los de antes; los más rancios a atribuyen a los mercados y a los inversionistas. En España, tenemos muy claro que ZP y su tropa, especialmente el siniestro Rubalcaba, han sido decisivos para la ruina económica y política del país. Echarles a gorrazos del Gobierno es una emergencia nacional.

Mas allá de la oportunidad que representan las elecciones del domingo, lo cierto es que la crisis de la política es también la crisis de una sociedad y la ausencia de personas, ciudadanos de a pie, comprometidas con el bien común de su país. ¿O es que los dirigentes políticos proceden de Marte?

En definitiva, la crisis económica, social, política y moral que padecemos no nos la van a resolver los políticos profesionales en solitario, aunque es imprescindible que se pongan a trabajar en esa dirección. Pero si queremos resolver el problema de fondo no queda otra que ponernos a trabajar con altura de miras, sentido de bien común, olvido del individualismo y pasión el servicio a las personas y la defensa de su dignidad y derechos fundamentales.

En octubre del año pasado Benedicto XVI se dirigía a los asistentes a la Semana Social italiana haciendo un llamamiento para que surgiera «una nueva generación de católicos, personas interiormente renovadas que se comprometan en la actividad política sin complejos de inferioridad».

Esta presencia, explicaba el Papa, debía partir de un camino de formación intelectual y moral en el que se partieran de las grandes verdades en torno a Dios, al hombre y al mundo para aplicarlos después, desde criterios prudenciales.

«El compromiso socio político, con los recursos espirituales y las actitudes que requiere, es una vocación alta, a la que la Iglesia invita a responder con humildad y determinación», concluía el mensaje pontificio. En España, desde luego, urge ese compromiso socio político, pero no es solo cosa de los políticos profesionales. Es responsabilidad de todos.

Teresa García-Noblejas