libertadEn muchos lugares del mundo los ataques a la libertad de expresión son hoy mucho más sutiles y soterrados, y van más allá de la evidente persecución política a periodistas, comentaristas, columnistas, profesores y pensadores.

Mucho revuelo ha causado en los últimos días el caso de la publicación en la página de internet del Washington Post de un muy duro comentario editorial haciendo una fuerte crítica al Presidente Barack Obama por su confusa, o mejor, difusa posición frente a los excesos del gobierno venezolano especialmente en los temas que se refieren a los ataques y agravios permanentes al gobierno y al pueblo de Colombia, y la peligrosa escalada armamentista que pone en un punto muy delicado la estabilidad y la paz de la región.

Lo curioso no es que los medios de comunicación, en uso legítimo de su libertad de expresión, denuncien aquellas situaciones que comprometen el futuro de la democracia y del Estado de derecho; lo que sí es curioso es que el editorial se haya mantenido publicado sólo por pocas horas y luego haya sido publicado un editorial en tono mucho más moderado y en el que la critica a Obama y a Venezuela en relación con Colombia fue evidentemente diluida, lo que ha causado no sólo extrañeza sino incluso indignación en distintos medios del continente.

Las especulaciones y suspicacias al respecto no se han hecho esperar, sin embargo mi reflexión de fondo apunta a identificar que nuestras sociedades, no se encuentran suficientemente preparadas para que la valoración de la diferencia sea la base del respeto profundo a la Libertad de expresión.

Muchas y crecientes son las presiones de todo tipo para que los ciudadanos no puedan expresarse pública y libremente, para que los ciudadanos no puedan pensar por sí mismos, para que los ciudadanos no puedan expresar con tranquilidad sus afinidades y desacuerdos políticos, en fin para que los ciudadanos terminen siendo lo que Alexis de Toqueville sentenciaba de manera lapidaria cuando intentaba «imaginar bajo qué nuevas características podría aparecer el despotismo en el mundo» y concluía intuyendo esa nueva forma de «esclavitud» en el marco de la utópica y ridícula pretensión igualitarista que, según el mismo Toqueville: «no quebranta la voluntad de las personas, sino que la ablanda, la inclina y la dirige; rara vez ordena actuar, pero a menudo inhibe; no destruye nada, pero impide que surja mucho; no es en absoluto despótico, pero obstruye, reprime, debilita, sofoca y embrutece, al punto que convierte a los pueblos en un rebaño de animales timoratos y esforzados». Esta es, sin duda, una de las formas más comunes y generalizadas de atacar la Libertad en nuestra región.

Victor Hugo Malagón. Colombia.