Mis profundas convicciones democráticas no me permiten más que condenar cualquier intención, actitud, expresión o acción contra los regímenes legítimamente constituidos en cualquier parte del mundo y especialmente aquellos distantes de mi propio pensamiento político y de mis personales afinidades ideológicas. Por lo tanto cualquier exceso o abuso contra la democracia sea por vías de hecho o incluso en el marco de estructuras disfrazadas de democracia, resulta desde todo punto de vista inaceptable.

Sin embargo como ciudadano común no dejan de parecerme extrañas algunas situaciones que se han presentado alrededor de la reciente situación política de la hermana República de Honduras. Algunos medios de comunicación internacionales, especialmente aquellos sometidos a regímenes con tendencias totalitarias, se han dedicado a mostrarle al mundo una sola de las caras de la moneda en el caso del depuesto presidente de Honduras Manuel Zelaya. El pasado jueves 2 de julio, el experto internacionalista Rafael Nieto publicó una rigurosa reflexión en el periódico El Tiempo que muestra, con datos contundentes, que las acciones recientes del gobierno de Zelaya desembocaron en esta situación como respuesta de los poderes democráticos hondureños para poner fin a la obsesiva y reiterada terquedad de Zelaya de violar la Constitución y la Carta Democrática Interamericana. Sin embargo lo que uno ve en los medios, es la versión de un pobre presidente que por querer hacer una “encuestica” fue violentado por las fuerzas militares que tomaron el poder a la fuerza.

En todo caso e independientemente de la realidad hondureña, no es muy creíble para los ciudadanos de a pie, ver una gran cumbre de presidentes apoyando al señor Zelaya en donde la voz principal es la de Hugo Chávez, precisamente un golpista de la democracia venezolana en 1992 y que luego, por vía de la urnas, revestido de la legitimidad democrática se ha dedicado a violentar a la democracia misma en su país y en la región. Lo mismo que el representante del gobierno cubano el señor Raúl (también de apellido Castro y no por coincidencia) no precisamente ejemplo de democracia y progreso en la región, para no hablar de Correa, Morales y otros “bolivarianos”, ni mucho menos de aquellos organismos multilaterales que renunciaron a exigir la transición de Cuba hacia la democracia, pero salen ahora como los grandes defensores de la misma.

Me gustaría ver las declaraciones de ese mismo grupo de mandatarios si el golpe de estado hubiera sido dado por fuerzas de izquierda a un gobierno de derecha. Mucho me temo que su cinismo alcanzaría para que, al revés de lo que está sucediendo, aplaudieran un hecho así como una muestra de revolución popular abusivamente llamada “bolivariana” y de lucha de clases hacia el antidemocrático socialismo de siglo XXI.

No me siento cómodo en todo caso ver a Hugo Chávez o Raúl Castro y sus “amigos”, intentando darnos lecciones de Democracia a los latinoamericanos.

Víctor Hugo Malagón