Saben… he estado recapacitando. Esto de la ideología de género tiene convencida a mucha gente. Algo de verdad tendrá. Ya saben que miles de millones de moscas comen detritos y, al final, resulta que llevaban razón porque no hay nada mejor que el abono para la vida. En fin, que estoy muy preocupada. Como mis escasos lectores han acabado siendo un poco mi familia por aquello de la fidelidad y la escasez, les cuento a ustedes que el tema del artículo anterior me está preocupando mucho.

En Ingeniería Biomédica también hay una mayor ratio de mujeres. Mi hija es una futura ingeniera biomédica y, a raíz de lo que conté el otro día, he empezado a preguntarme qué he hecho mal como madre, qué llevó a mi hija a elegir una carrera que, puesto que han elegido muchas más chicas, es evidente que ha sido por algún estereotipo social.

Pese a analizar mis recetas educativas de igualdad y no encontrar nada, concluí que seguramente se me había escapado algún detalle, aparentemente nimio (una barbie biomédica, un libro titulado “Estudios Biomédicos” con la portada en rosa…). Decidí encerrar a mi hija en su cuarto, sin teléfono móvil ni ordenador, hasta que confesara qué estereotipo de género había seguido para elegir una carrera tan “femenina”.

Al principio, se defendió diciendo que se había informado de las asignaturas, de las posibles salidas laborales y del enfoque profesional de esos conocimientos y que había decidido que, de todas las ingenierías que le llamaban la atención, era la que más se adaptaba a sus gustos. Y que allí, se encontró con muchas chicas que habían llegado a las mismas conclusiones.

Naturalmente, no le creí, y le restringí la comida para que el hambre le obligara a recordar la verdad profunda de su alienación. Y por fin, al cuarto día a pan y agua, confesó: el último empujón hacia esos estudios provino de un amigo de la familia que, aunque había estudiado medicina, puesto que hasta ahora no había estudios específicos, se dedicaba a la ingeniaría biomédica y su empresa comercializaba máquinas de tecnología punta en detección de cáncer de mama a través del incremento de gasto en glucosa que desarrollan las células cancerígenas.

¡Ajá!, me dije, he ahí el estereotipo, el rol femenino que le ha empujado a semejante elección: el cáncer de mama. Nada más femenino y asignado a la mujer y su rol maternal. Nada más discriminatorio para las mujeres que una enfermedad que nos afecta de forma mayoritaria.

¿Pensaron el resto de las chicas, al elegir carrera, en el cáncer de mama o en Madame Curie? ¿Es, o no es, el cáncer de mama un estereotipo? Si erradicarlo es algo bueno para las mujeres, ¿es entonces bueno guiarse por un estereotipo? ¿Cómo, ante tal discriminación, no ha hecho nada la ideología de género para igualar las ratios de cáncer de mama en hombres y mujeres? Por otro lado, ¿es bueno que las mujeres se dediquen a cosas por y para las mujeres? ¿No es discriminatorio circunscribirlas en asuntos de mujeres? ¿Por qué mi hija no pensó en el cáncer de próstata?

Saben… me estoy haciendo un auténtico lío. Menos mal que existen los expertos en género que saben mucho de eso. Voy, rauda y veloz, a preguntarle a uno si mi hija es, o no, víctima de los estereotipos y de qué forma se cura eso. Me cueste lo que me cueste. Ante tal problema, no ha lugar a andar mirando el eurillo.

Por cierto, Madame Curie ya no se llama así: los expertos en género han decidido que es discriminatorio llamarla por el apellido de su esposo. Ahora se llama Maria Salomea Skłodowska-Curie. Los expertos han transigido en mantener el odioso apellido del varón que la dominaba a fin de que se la siga identificando.

Naturalmente, eso ha alegrado mucho a doña Maria Salomea y todas las mujeres del mundo nos sentimos mucho más libres. Y, supongo, que seguir a doña María Salomea como estereotipo es menos “esterotipado”.

Alicia V. Rubio Calle