El triste caso de la niña Andrea ha sido utilizado por el PSOE y los partidarios de la eutanasia (la multinacional que defiende la llamada “muerte digna”) para incluir esta práctica contra la vida humana en el debate social y en la agenda política.

Con el título de este artículo quiero hacer visible que la mentalidad que subyace tras la eutanasia no es otra que la “cultura del descarte” a la que el Papa Francisco se ha referido en numerosas ocasiones.

Los argumentos para descartar personas mediante la eutanasia se pueden revestir de muchas maneras:

  • Si no produces y generas gastos mejor ponemos fin a esta situación. Este razonamiento no se hace en público pero subyace tras algunas políticas presupuestarias, públicas y privadas y quien sabe si en no pocas decisiones personales.
  • Falsa compasión. Se traduce en “no puedo verlo así”, “me da muchísima pena”, “para estar así, mejor no vivir”. Ciertamente, a nadie le gusta palpar el propio deterioro físico y mental o el de sus seres queridos. Pero lo que subyace en estas actitudes es el desánimo, la sensación de abandono y un estado depresivo. En definitiva, se demanda atención, compañía y cariño. Y si no se tiene, naturalmente…. se desea morir. Pero si se tiene cercanía de otros y se atenúa el dolor, la situación cambia.
  • Liberación” de una carga. Terriblemente, personas mayores, enfermos y discapacitados o personas accidentadas piden que se les ayude a morir, en realidad a suicidarse. Es el caso de Ramón Sampedro, convenientemente contado para publicitar la eutanasia en la película Mar adentro. Hay que recordar en este punto la injusticia y el egoísmo que implica querer quitarse de en medio cuando hay personas que te quieren y te cuidan. Otra cosa es que el enfermo, anciano o discapacitado se sienta abandonado o le recordemos constantemente, con palabras o gestos, que es una carga para nosotros. Entonces evidentemente le estamos abocando a una depresión y por tanto a desear la muerte para dejar de serlo.

Con estos argumentos, no es que España no sea país para viejos. Es que a todos nos trasladarán de barrio antes de que nos llegue la hora.

Otro día hablaremos de las diferencias entre eutanasia, sedación y encarnizamiento terapéutico, conceptos que conviene aclarar.

Teresa García-Noblejas