La campaña para la objeción de conciencia a Educación para la Ciudadanía (EpC) ha engendrado una preciosa amistad entre padres de toda España. Anoche estuve releyendo los correos, de los muchísimos que diariamente nos intercambiarnos, que me habían sacudido de una manera especial. De uno de ellos, de Guillermo, me caló hasta dentro este parrafito:

«(… ) Me levanto por tercera vez para ver a los niños, siguen durmiendo plácidamente, los miro y pienso en nuestros gobernantes. No tienen derecho, no tienen ningún derecho. En esas camas duerme el futuro de esta sociedad y del mundo, no es justo lo que pretenden. Me acuesto más convencido que nunca de que no voy a ceder en esta batalla. Ya me da igual la lluvia y el viento, ahora estoy seguro de que esto está ganado, de que la verdad prevalecerá, de que lo importante es siempre ponerse del lado del más débil, y nuestros hijos lo son».

Yo también entré en la habitación de los niños, anoche precisamente dormían todos menos Pablete en la misma habitación y les fui acariciando la cabecita a cada uno, un ratito, despacio, sin prisa, oyéndoles respirar y mirando sus caritas llenas de paz. En cada una de esas cinco caritas veía a tantos otros niños por los que les estoy robando tiempo de dedicación a éstos. Veía sobre todo a los más débiles, a aquellos que están más a merced de la educación que el Gobierno quiera imponerles y que, tal vez, no tengan a nadie que les diga que la verdad sí existe, que les diga lo que está bien y lo que está mal, o sencillamente y sin grandes fIlosofías, les enseñe a darse a los demás, a rezar y a amar la verdad. Tampoco yo puedo decírselo, ojalá pudiera, pero lo que sí puedo hacer es luchar hasta el final porque nadie les llene el corazón y los ojos de tantas mentiras que no les dejen ver nunca la verdad y sonreír. Por eso anoche volví a pensar que ese tiempo que les quitaba a los seis y que estaba dedicando a todos los demás serían algún día miguitas de oro en el zurrón del pan de nuestra familia y entonces fui yo quien sonrió.

EpC es una gran mentira, una gran vileza y un inmenso daño en el corazón de España. EpC no puede sustituir a mamá y a papá, porque Epc no va a ayudar a nuestros hijos a ser felices Porque EpC les corta las alas que les ayudarán a volar por encima de las nubes cuando crean que no tienen fuerzas para levantarse del suelo, Porque EpC nunca les enseñará que amar por encima de nosotros mismos hace estallar el corazón de alegría, Porque EpC no les dejará ver que la verdad brilla de tal manera que muchos no la ven porque les ciega su resplandor. EpC no es, ni será nunca, mamá y papá.

Leonor Tamayo