Con motivo de la nota de prensa (que no sentencia) del Tribunal Supremo), han salido algunos afirmando que, en lugar de la objeción, la vía habría sido modificar los contenidos de las asignaturas genéricamente denominadas Educación para la Ciudadanía (EpC).

Nos parece muy bien. Nos habría encantado que alguien se hubiera puesto manos a la obra a pedir un cambio de contenidos. El problema es que, al desarrollar el curriculum, el Ministerio llamo a 16 asociaciones amigas (todo ello está documentado y lo hemos contado mil veces). Profesionales por la Ética lo intentó pidiendo entrevistarse con las sucesivas ministras hasta en tres ocasiones; lo más que llegamos fue a  hablar con Alejandro Tiana cuando los decretos de EpC para secundaria ya estaban en el BOE.

Por otra parte, es preciso recordar que el problema no son tanto los contenidos de EpC como el planteamiento general del área curricular o conjunto de asignaturas. Como cualquier profesor de secundaria conoce, el diseño actual de cualquier asignatura (según la programación oficial dictada por el Ministerio a través de reales decretos) no incluye solamente contenidos sino también objetivos y criterios de evaluación. Y todos estos elementos (objetivos, contenidos y criterios de evaluación) constituyen la asignatura y deben aplicarse. Y los libros de texto se hacen conforme al curriculum oficial del real decreto, en todas las materias escolares.

Así, a título de ejemplo, un criterio de evaluación de EpC es comprobar si los alumnos comprenden el pluralismo moral y si usan adecuadamente la argumentación sobre dilemas y conflictos morales.  Y son objetivos de EpC es hacer de los centros y las aulas de secundaria (…) espacios que ayuden a los alumnos y alumnas a construirse una conciencia moral y cívica acorde con las sociedades democráticas, plurales, complejas y cambiantes en las que vivimos, profundizar en los principios de ética personal.

 Por eso siempre hemos sostenido (y así lo han confirmado casi 300 fallos judiciales favorables a los objetores) que el problema no son los libros de texto ni el profesor, si no una ley que impone un conjunto de asignaturas en si mismas moralizantes y adoctrinadoras.

Teresa García-Noblejas