images (1)Es muy sintomático que, en lo que se refiere al capítulo educativo, el Gobierno de Zapatero, cierre su turno con una reforma in extremis de la enseñanza secundaria y que lo haga con criterios de la LOCE de 2002, la ley que él mismo se apresuró a derogar nada más iniciar su primera legislatura. La anécdota da idea de hasta qué punto este período político ha podido ser regresivo en un ámbito en el que nos jugamos prácticamente todo y cuya situación es, casi bajo cualquier punto de vista, de auténtica emergencia.

Víctima de sus mesiánicos condicionantes ideológicos, Zapatero inició su paso por La Moncloa derogando precipitadamente lo que representaba un positivo cambio de tendencia en un modelo  -el de la LOGSE- a todas luces fracasado. Y la alternativa fue ese inútil «más de lo mismo» que ha representado la LOE de 2006 como gran apuesta educativa de estas legislaturas.

Nacida sin consenso y de espaldas al clamor de la escuela y de la calle, la LOE fue, desde su misma aprobación, un instrumento inútil para acometer la reforma que la educación española necesita, sencillamente porque no ha hecho más que profundizar, con mínimos ajustes, en el mismo cáncer de la LOGSE: la opción ideológica por las corrientes pedagógicas comprehensivas y constructivistas. O, dicho más implemente, por la inmersión de la escuela en la demagogia igualitaria.

Después de cinco años de la entrada en vigor de la LOE, semejante valoración no tiene nada de apriorismo; es una constatación empírica que acreditan los indicadores de calidad educativa, la dramática desorientación de una amplia base de alumnos y el hartazgo y la impotencia de padres, profesores y responsables de centros educativos.

Pero la LOE ha sido algo más que un instrumento inútil que nos ha hecho perder el tiempo y dilapidar esfuerzos, a costa, claro está, de nuevas generaciones perdidas desde el punto de vista educativo. La LOE ha representado también otra vuelta de rosca en el proceso de una concepción marcadamente estatista de nuestro sistema educativo. Un proceso que viene de atrás y que se ha instalado en nuestra cultura a costa de la libertad social, la gran perdedora en este ensayo ideológico.

Resulta por eso muy significativo que la LOE vaya a pasar a la historia por haber provocado una de las más encendidas polémicas que recuerda la reciente democracia española: la de la imposición de las nuevas asignaturas de Educación para la Ciudadanía, cuyo propósito expreso es formar la mentalidad y las conductas de los jóvenes españoles de acuerdo con los dogmas relativistas de una nueva moral pública custodiada por el Estado.

Con este contexto como fondo, era de plano imposible que la oferta de un gran pacto de estado de educación  -lanzada por el ministro Gabilondo en la última legislatura-   tuviera alguna posibilidad de prosperar. La educación española necesita reformas de calado que no son viables sin acometer modificaciones sustantivas en la legislación básica. Reformas que pasan por la aplicación del principio de subsidiariedad y la recuperación de espacios de libertad.

Hay un detalle que sintetiza bien este nuevo fracaso educativo del socialismo español: uno de los principales responsables del desastre de la LOGSE, Alfredo Pérez Rubalcaba, se presenta veinte años después como la mejor alternativa de gobierno del PSOE. Definitivamente, hay bomberos a los que es preferible mantener alejados del fuego.

Jaime Urcelay

Artículo publicado en Libertad Digital