En los últimos días hemos asistido a varios pronunciamientos de instituciones europeas e incluso españolas condenando la persecución y la violencia contra los cristianos en todo el mundo. Es un gran paso porque hasta hace bien poco estas agresiones eran denunciadas por el Pimagesapa, algunas instituciones católicas y unos pocos medios de comunicación. La comunidad internacional y el mundo civil permanecían generalmente impasibles. Sin embargo, las declaraciones son, en si mismas, claramente insuficientes. Hoy nos hemos despertado con la noticia de que el ministro responsable de los derechos de las minorías religiosas en Pakistán ha sido asesinado. Como recuerda Infocatólica, el cristiano Shahbaz Batí se había mostrado partidario de derogar la ley de la blasfemia, una norma que, en la práctica, permite condenar a cualquier ciudadano sin garantía jurídica alguna simplemente por no querer convertirse al islam o por crímenes como tirar confeti elaborado con recortes de periódico en los que aparecía la palabra «Mahoma».

Ayuda a la Iglesia Necesitada informa detalladamente del caso de Pakistán. No faltan las torturas, los asesinatos, las detenciones ilegales, las violaciones… Son hombres, mujeres, niños agredidos por ser cristianos, que por aquellas tierras prácticamente es lo mismo que decir blasfemos. No todas las agresiones proceden de instancias gubernamentales pero lo cierto es que las autoridades a menudo son cómplices por acción o por omisión.

La pregunta más frecuente suele ser:  ¿y yo que puedo hacer? Para los creyentes, lo primero y más importante es rezar para que Dios proteja a estos inocentes y convierta a los agresores. Pero también es imprescindible seguir presionando a la opinión pública, a los medios de comunicación, a los políticos y a las instituciones internacionales. Los países que no respetan la libertad religiosa y permiten el genocidio de minorías, en este caso cristianas, tienen que percibir actitudes firmes por parte de otros estados y de las entidades supranacionales: desde la financiación de proyectos de convivencia interreligiosa y de educación en libertad religiosa, por ejemplo, al bloqueo económico o a la llamada a consultas a los embajadores. El caso es no bajar la guardia y hacer de la libertad religiosa la prueba del algodón de las sociedades libres.

Teresa García-Noblejas