Llega ahora a Profesionales un librito publicado por el Instituto de la Mujer con el título “Educación para la Ciudadanía”. Es, según dice la portada, el “Cuaderno de educación no sexista nº 20” y recoge las intervenciones de “las y los participantes” en la Jornada que con el mismo título organizó en Madrid el citado Instituto el 19 de diciembre de 2006.

 

Me fijo ahora en el primero de sus textos. Se llama “La ciudadanía en femenino y masculino” y es debido a la pluma de la Directora General del Instituto de la Mujer, Rosa María Peris Cervera. En él se cuenta cómo en 2006 catorce “Asociaciones de Mujeres de ámbito estatal” se reunieron con la entonces Ministra de Educación “apoyando el desarrollo de la nueva asignatura Educación para la ciudadanía, pero manifestando que en ella se debe profundizar en la igualdad entre mujeres y hombres y tratar como tema clave la formación del profesorado en esta materia”.

 

Cuenta también la responsable del organismo público que el Instituto remitió sus aportaciones sobre esta materia al Ministerio. Se trata, explica, de reflexiones y sugerencias que en algunos casos se han recogido en los Reales Decretos de enseñanzas mínimas y, en otros, “constituyen un horizonte de trabajo para el presente y el futuro que habrá de desarrollar en colaboración”.

 

Destaco una de las “reflexiones y sugerencias”  para EpC de la responsable directa de políticas de mujer del actual Gobierno:

 

“6) Educar para la ciudadanía desde la afectividad. En las aulas hay que dar lugar a que broten y se manifiesten los sentimientos y afectos. Por ello es importante trabajar la educación afectiva, de modo que conozcamos lo que nos sucede y nos abramos a conocer al otro o a la otra, sus vivencias y sus deseos.

 

“(…) La educación afectiva comprende la educación sexual. Es muy importante dejar de lado el esquema más difundido de genitalidad-reproducción-heterosexualidad en las relaciones afectivas y sexuales, predominante en la publicidad, en los medios y en industrias de moda, farmacéuticas, de videojuegos, etc., para que las niñas y los niños, los chicos y las chicas, puedan entender y vivir esas relaciones de una forma libre y satisfactoria. Este planteamiento supone dar valor al amor en las relaciones, al intercambio, al placer, al compromiso, a la corresponsabilidad, al respeto y a la dignidad de mujeres y hombres. También hay que favorecer el respeto y la valoración de las nuevas formas de convivencia y de familias.

 

Recuperar palabras como placer y deseo, en su sentido original, es una forma de dar paso a nuevas iniciativas, actitudes y comportamientos, porque son los principales motivadores para el aprendizaje”.

 

EpC empieza este curso escolar a impartirse en el tercer ciclo de primaria, en 5º o en 6º curso, según hayan decidido las comunidades autónomas. Una buena parte de su contenido curricular está dedicado a la educación afectivo-emocional. Niños de 10 y 11 años. Nuestros hijos.

 

 

Jaime Urcelay