La Razón se hace eco dela nota de prensa enviada por Profesionales por la Ética sobre el carácter abortivo de la píldora del día siguiente (PDS).

  • Un estudio español asegura que entre el 35% y el 50% de su efecto para prevenir embarazos responde a «mecanismos posfecundación»

Uso del fármaco en España

18 de marzo de 2013. 23:08h Erik Montalbán.  Madrid.

Un estudio acerca de los mecanismos y la efectividad de la píldora del día después (PDD) a la hora de prevenir los embarazos no deseados asegura que este método anticonceptivo tiene un efecto abortivo sobre las mujeres que lo toman. El estudio, presentado ayer en el Congreso Europeo de Farmacia Hospitalaria que se ha celebrado estos días en París (Francia), corre a cargo del investigador español Emilio Jesús Alegre del Rey, farmacéutico del Centro de Información de Medicamentos del Hospital Universitario de Puerto Real (Cádiz).

Según el mismo, la capacidad para prevenir embarazos de la píldora poscoital reside no sólo en su efecto anticonceptivo –evitar la gestación antes de que se produzca la concepción–, sino que responde también a «efectos posfecundación», es decir, el aborto del embrión o del feto una vez concebido. Sobre la base de sus investigaciones, concluyen que la toma de la pastilla poscoital reduce en un 81 por ciento las probabilidades de embarazo, si bien esta cifra varía en función de cuánto se demore el tratamiento tras la relación sexual de riesgo.

Una vez tomada la píldora, el estudio desgrana los posibles mecanismos de acción de la misma en cuatro partes: inhibición de la ovulación, inhibición de la función espermática, inhibición de la implantación y eliminación del embrión ya implantado. Hasta ahora se pensaba que la principal función de la píldora del día después consistía en evitar la ovulación y, por consiguiente, el embarazo. No obstante, esto sólo puede producirse, como es lógico, si la pastilla se toma antes de la ovulación. En este sentido, señala el informe que «la contribución del mecanismo anovulatorio» a la intercepción asciende aproximadamente al 50 por ciento o, en el mejor de los casos, al 65 por ciento. ¿A qué responde pues el resto de la efectividad de la píldora? Tampoco a la inhibición de las funciones de los espermatozoides, según afirma el autor. «La evidencia disponible muestra que la PDD no afecta a la capacidad de los espermatozoides para alcanzar el útero y activarse para la fecundación», explica. Además, tampoco otorga demasiada relevancia al efecto de la píldora sobre el transporte de los espermatozoides a través de la trompa de Falopio –«no disponemos de estudios», dice– ni a la alteración del endometrio como resultado de la píldora poscoital –«la evidencia directa sobre efectos endometriales de la PDD es inconcluyente», explica–. Entonces, ¿cómo funciona sobre el organismo para evitar el embarazo? «Teniendo en cuenta los puntos anteriores, parece muy probable que la PDD actúe parcialmente mediante mecanismos posfecundación que darían cuenta, al menos, de un 35 por ciento –y posiblemente de un 50 por ciento– de su efecto en la disminución de embarazos confirmados», apunta el informe. No obstante, en el propio estudio se reconoce que «el efecto posfecundación no se ha demostrado en los estudios »in vitro» o »in vivo», ya sea en animales o en humanos, aunque quedan varias opciones por investigar». En cualquier caso, el autor señala que si una parte del efecto de la píldora «sobre la disminución de embarazos confirmados no es atribuible a mecanismos prefecundación, lógicamente, ha de asignarse a mecanismos posfecundación aún no determinados en la investigación básica, aunque posibles».

Esta teoría planteada por Alegre del Rey choca frontalmente con lo planteado hasta ahora por el Consorcio Internacional de Concepción de Emergencia (ICEC) y la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO). Según un estudio farmacológico del levonorgestrel –principio activo de la píldora del día después– presentado por ambos organismos científicos a mediados de 2011, el fármaco no afecta a la implantación del óvulo fecundado y, por lo tanto, no es abortivo. «La evidencia disponible demuestra que el principal mecanismo de acción de este método anticonceptivo es impedir o retardar la ovulación, y confirma que no interfiere con la implantación, ni afecta al grosor endometrial», explicaban ICEC y FIGO. No obstante, una encuesta realizada por la Organización Médica Colegial (OMC) a sus facultativos en 2010 reveló que el 57 por ciento de los directivos colegiales cree que la píldora tiene un efecto abortivo y el 94 por ciento, que se está abusando de su consumo.

Aceptando como cierta la premisa propuesta por Alegre del Rey, ¿es preciso comunicar a las potenciales usuarias de la píldora poscoital sus posibles efectos posfecundación? «Las mujeres o parejas que potencialmente vayan a someterse al uso de la PDD tienen derecho a conocer sus efectos. Si no se ofrece información precisa antes de la prescripción, las pacientes podrían verse emocionalmente afectadas por un acontecimiento inesperado, un efecto indeseable o el descubrimiento posterior de un mecanismo de acción que esté en conflicto con su sistema de valores», indica el estudio español. De hecho, un estudio sobre planificación familiar de 2010 descubrió que el 45 por ciento de las mujeres no usaría un método que pudiera ejercer su efecto después de la fecundación. «Para las pacientes que asumen que la vida humana comienza en la fecundación o concepción, un método de control de natalidad que tiene el potencial de suprimir el desarrollo después de la fecundación podría no ser aceptable», concluye.

A la espera del Consejo Asesor

«Puede causar algunos problemas», decía hace poco más de un año Ana Mato, ministra de Sanidad, sobre el uso de la píldora poscoital en mujeres jóvenes que «todavía están en edad de desarrollo». Por este motivo encargó varios informes para conocer sus efectos sobre la salud, con la intención de volver a la prescripción médica de la pastilla, que eliminó el Gobierno de Zapatero en 2009. Tras cuatro informes «no concluyentes», según Mato –tres de ellos favorables a la libre dispensación–, la decisión final recaerá en el recién creado Consejo Asesor de Sanidad, en una fecha aún por determinar.

Leer también el artículo de José Miguel Serrano Una política equivocada:

http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/1538024/sociedad/politica-equivocada