En la playa, mientras les miraba jugar en la arena y con las olas, me acordaba de la pobre Simone de Beauvoir, que no solo se lo perdió ella sino que además hizo que muchas otras se lo perdieran también. Y pensaba en cómo es posible que las mujeres hayan llegado a tragarse el cuento de que ser madres es un “peso” del que tienen que liberarse. ¿Cómo es posible que hayamos aceptado tan alegremente que nos quiten nuestro ser? Las mujeres tenemos una especial capacidad para el amor, por el hecho de ser mujeres, que se deriva de la capacidad física de dar la vida, se haga efectiva biológicamente o no. Y somos más felices, nos realizamos más plenamente en tanto en cuanto mayor amor damos. Y además es que esa capacidad, ese ser femenino de la mujer es absolutamente necesario en la sociedad y en el mundo laboral, y si no anulamos, perdemos todos.

Cada vez que salimos a algún sitio todos, nos paran varias veces para preguntarnos si son todos hermanos y siempre, siempre, nos dicen lo mismo: “Qué familia tan bonita, qué alegría, los hijos y la familia es lo más grande que hay, qué envidia”….claro, es que si la familia es lo más importante de la vida de cualquiera, una familia grande es sinónimo de una alegría grande. Y aun así, llegan las feministas alocadas, nos cuentan un cuento chino y vamos y nos los tragamos!!!

La siguiente pregunta es, invariablemente “Y ¿cómo haces?, ¿cómo te organizas?” y mi respuesta es siempre la misma “pues mal, claro, hago lo que puedo y no llego a todo, pero trato de disfrutar y de no preocuparme más de la cuenta si no todo es perfecto”. Pero es que hoy, lo de no ser perfecto no se entiende bien, por eso hay que tener un tipazo de escándalo, aunque se tengan 41 años o los que sean, tener una casa Telva, viajar a los sitios más exóticos y más cool, ser ejecutiva top level, tener unos hijos ideales y que destaquen en todo…. Sinceramente, eso sí es una esclavitud, ¡¡qué agobio!!. (Por cierto, lo que yo sí tengo es un marido perfecto).

Claro que hay veces que se echa de menos un poco de silencio, que dure un poquito el orden, más ratos a solas con mi marido, algo de dinero para hacer algún extra, sí, pero es que en cualquier situación de la vida se echa de menos algo o nos gustaría tener otras cosas, ¿o no?.

La mujer es mujer, y deber seguir siéndolo, querer serlo, querer desarrollar su identidad femenina que la hace diferente y complementaria al hombre, que permite que se realice plenamente y sea feliz. Y redescubrir la belleza de la maternidad, de esa capacidad de dar la vida, sostenerla y modelarla durante unos años y dejarla ir cuando llega el momento.

Si todo comenzó destruyendo a la mujer, su identidad femenina y el valor de la maternidad y la alegría de la dedicación a la familia, recuperémoslo, y entonces volverán las aguas a su cauce. Ésa es la clave.

Leonor Tamayo