Tengo una niña de diez años, desde que es bien pequeña la estoy intentando educar en el respeto a sí misma y a los demás, en que ella tiene una dignidad de persona, en igualdad con los que la rodean, que no es un objeto, ni una «cosa» de usar y tirar y que es amada incondicionalmente por una familia que la va a acompañar durante toda su vida; además de todo eso le estoy intentando transmitir una fe en la que yo creo y que reafirma todo lo anterior.

Pero compruebo con estupor que el Gobierno de nuestro país se empeña en enseñarle todo lo contrario, con la nueva ley «del aborto» hay algo que a muchos padres (diría que a la mayoría) se nos había pasado por alto, se quiere imponer por ley una «educación sexual» obligatoria en nuestros colegios, impulsada por el Ministerio de Sanidad junto con el de educación, muy similar a los contenidos que ya se están impartiendo con la asignatura Educación para la Ciudadanía. A mí lo que me preocupa no es lo que le vayan a enseñar a mi hija, pues creo que con lo que le voy a decir yo, con la educación que le estoy dando desde hace años va a ser madura para poder saber lo que es bueno y lo que no lo es. Mi preocupación es la sociedad que va a encontrar cuando tenga ya los catorce, quince o dieciséis años: según esa ley mi hija será a esa edad un caramelito andante, algo para consumir placenteramente, ¿Con quién se encontrará ella? ¿Será ese muchacho capaz de entender un NO? ¿Le habrán enseñado a contenerse? Vamos, para que nos entendamos: ¿La respetaran si ella no quiere una relación sexual? Porque es posible que en el digno uso de su libertad ella no quiera mantenerlas.

Me temo que con esa educación que se les quiere dar de: «haz lo que te apetezca», «cuando te apetezca», «sin pensar en las consecuencias, que ya se arreglarán con una píldora o con una pequeña operación similar a la extracción de un diente» la que más va a sufrir es la mujer, la adolescente que está empezando a vivir…

Me temo que el Gobierno legisla como si todos los chavales fueran animales desenfrenados que es imposible parar, pero esto no es así: aún quedan muchas familias en España que queremos educar a nuestros hijos de otra manera y que no vamos a dejar que nos roben ese derecho que está consagrado en la Constitución y que solo a nosotros pertenece.

Una madre objetora a EpC