En la entrevista publicada por El País el pasado 15 de enero, Juan Antonio Ojeda, Secretario General de Escuelas Católicas, daba esta sorprendente e increíble respuesta a una de las preguntas que se le hacían:

P. ¿Cuáles son sus reivindicaciones en el debate del pacto?

R. Debemos dejar de instrumentalizar la escuela y centrarnos

en el verdadero objetivo del pacto: propiciar una mejora de la

educación para todos, en igualdad de condiciones. La escuela tiene

que educar y que educar bien. Hay ciertos distractores que siempre

están por ahí pululando, como la educación sexual o Educación

para la Ciudadanía, que son aspectos importantes y que nos

preocupan, pero que son secundariosfrente al hecho de que la escuela

eduque.

Cuando este señor dice que la escuela tiene que educar, y educar bien, pero considera Educación para la Ciudadanía y la educación sexual como «distractores», entonces no hace sino declarar a grandes voces que tiene más bien poca idea de qué es la escuela ni qué es educar, y mucho menos, educar bien.

No hace falta tener muchos másters en pedagogía, ni tropecientos años de experiencia docente para  saber que educar es hacer personas felices. La escuela no educa, ni educa bien, si no es capaz de formar hombres y mujeres verdaderos.

Y basta con echar una miradita, así somerita y ligera (porque no se suele tener paciencia ni aguante para mucho más), a los Reales Decretos que regulan la dichosa Educación para la Ciudadanía para darse cuenta de que unas asignaturas que consisten básicamente en pienso socialista y mentalidad progre chapoteando en relativismo, ni educa ni educa bien porque no hace hombres ni mujeres verdaderos sino masa de votantes izquierdosos sin cimientos sólidos sobre los que poder erguirse y, por lo tanto, con más bien poco o nulo criterio, perspectiva o voluntad firmes.

Y basta echar una miradita, así somerita y ligera (porque no se suele tener estómago para más), a los capítulos 9 y 10 de la nueva ley del aborto y a lo que sobre este tema se viene ya haciendo por ahí en muchos institutos y  colegios, también en estos de Escuelas Católicas, para darse cuenta de que enseñar a los críos de 12 años en qué consisten los sabores y los colores de los preservativos o a dibujar el mapa del placer, no hace personas felices sino cuerpos esclavos y rendidos ante el sexo con más bien poca o nula capacidad de entrega generosa y apasionado entusiasmo para amar de verdad y para siempre.

sexpresan

Y no hace falta, desde luego, tener muchos másters en pedagogía ni tropecientos años de experiencia docente para darse cuenta de que si Educación para la Ciudadanía y la educación sexual y abortista obligatoria son aspectos secundarios frente al hecho de que la escuela eduque, y eduque bien, entonces más nos vale cerrar las escuelas y poner un chiringuito de pipas porque da repeluco pensar en qué consiste esa educación, y buena educación, que quieren darle a los chavales.

Es realmente sorprendente e increíble la agilidad que tienen algunos para dedicar el tiempo, el dinero y mucha frase estudiada y pomposa para justificar o disimular ante quienes se empeñan en enseñar a los críos a poner preservativos de sabores, de lunares y fluorescentes y soltar pienso progre a manos llenas.

Y, como siempre, a cuenta de la felicidad de nuestros hijos, mira tú qué gracia.

Leonor Tamayo