Madrid, 3 de octubre de 2010.
A partir del presente curso escolar, Educación para la Ciudadanía en el País Vasco incluye contenidos específicos del llamado Plan de Convivencia Democrática y Deslegitimación de la Violencia. Uno de los objetivos específicos de esta educación contra la violencia es que los alumnos “sientan empatía hacia los que la sufren y no hacia los que la provocan».


Con motivo de esta novedad, Profesionales por la Ética ha celebrado un encuentro con Mariano Bailly-Baillière Torres-Pardo, representante del movimiento objetor a Educación para la Ciudadanía.

PREGUNTA.- Dotar a EpC de contenidos como estos, que pretenden cambiar la percepción de los alumnos sobre las víctimas del terrorismo y sobre los violentos ¿no justifica la implantación de esta asignatura?

RESPUESTA.- No es una cuestión de simpatizar con unos u otros contenidos de la asignatura. Es evidente que toda persona de bien está con las víctimas y contra el terrorismo pero eso no legitima que, desde la administración, se pretenda mentalizar a los alumnos en un sentido o en otro. El problema de fondo, lo que queda patente una vez más es el carácter intrínsecamente adoctrinador político y moral de Educación para la Ciudadanía tal como está configurada en España. De ahí los cambios de contenido que suceden inevitablemente a los cambios de gobierno. Así, los partidos nacionalistas han arrojado la sombra de las sospecha sobre estos contenidos propuestos por los partidos constitucionalistas que han alcanzado el gobierno. Como avisábamos desde el movimiento objetor a EpC, «si no rechazas hoy esta Educación para la Ciudadanía, la rechazarás mañana».

PREGUNTA.– ¿Y qué le parece la novedosa metodología que traslada al aula a las víctimas del terrorismo para que aporten, de primera mano, su testimonio?

RESPUESTA.- Me parece completamente errada y peligrosa. El recurso a la empatía y a los aspectos emocionales es un método tremendamente manipulador y extensamente utilizado por los totalitarismos. La empatía no es un motivo racional para obrar éticamente. Precisamente los movimientos terroristas explotan la empatía y los argumentos emocionales e irracionales para extender su dominio social. No utilicemos métodos que pueden volverse en contra nuestra a la primera de cambio ¿o no sabrá provocar empatía la desconsolada madre de un preso, la hermana de un militante terrorista muerto en un tiroteo, el joven supuestamente torturado en una detención por kale-borroka?

PREGUNTA.- ¿Qué propone Vd., entonces, para educar para la paz y contra la violencia?

RESPUESTA. –Adoptar medidas extraordinarias para enseñar a los jóvenes el valor de la paz y el rechazo a la violencia viene a legitimar la postura de aquellos que sostienen que existe un «conflicto vasco» de naturaleza específica.

En el País Vasco, como en el resto de España, se educa para la paz enseñando racionalmente (no emocionalmente) que uno debe hacer el bien y evitar el mal; que matar, torturar, maltratar, despreciar o perseguir a una persona es algo intrínsecamente malo mientras que procurar la concordia, la armonía y la resolución pacífica de conflictos son bienes deseables. El abc de toda ética. Una ética que debe ser racional y valerse de ejemplos y modelos. Una ética que debe enseñarse en casa desde que se alcanza el uso de razón sin necesidad de esperar a que el gobierno de turno decida por nosotros qué es lo que está bien y qué es lo que está mal a través del correspondiente adoctrinamiento emocional.

Extirpar de la familia el aprendizaje de los fundamentos éticos es, precisamente, la causa de que los jóvenes queden a merced de las modas y las corrientes inmorales que están generando una situación alarmante. Una situación que se pretende atajar, en el mejor de los casos, a edades en las que tiene difícil arreglo si no se ha invertido en ejemplo y dedicación en el ámbito familiar.