encrucijadaEn los últimos días la prensa nos revela nuevas noticias sobre las andanzas del yerno de su majestad y parece una novela picaresca de nuestra época. Al margen de la interpretación política y del debate república-monarquía, en el que no voy a entrar, lo que queda en evidencia es que, si no se demuestra lo contrario, el duque de Palma de Mallorca se ha aprovechado de su condición y sus contactos para enriquecerse sin importarle cuántos delitos podía cometer y en qué lugar dejaba a su familia.

Este fin de semana, en el terrible accidente de un crucero, el capitán, Francesco Schettino, ha abandonado el barco dejando a los pasajeros que se las arreglaran como pudieran; en el trágico suceso se han producido numerosas víctimas mortales. Esta villanía es comparable a la de aquel individuo que dirigía la Guardia Civil y se enriquecía con el dinero de los huérfanos de la Benemérita. Es hacer exactamente lo contrario de lo que exige su cargo.

El ejercicio de una responsabilidad o el cumplimiento de una misión que se ha asumido libremente, ya sea por matrimonio, actividad profesional o votación exige, antes que nada, vocación de servicio, pasión por la tarea encomendada y compromiso con los que uno tiene a su cargo o para los que uno es referente. Estos simples principios tendrían que formar parte de la educación de cualquier personaje público y si me apuran, de cualquier directivo de empresa. Sea el yerno del rey o el funcionario que atiende la ventanilla. No es cuestión de códigos éticos sino de conciencia de la propia dignidad y respeto por el prójimo y por la comunidad a la que se sirve.

Teresa García-Noblejas