El Vía Crucis es una oración-meditación característica, aunque no exclusiva, del tiempo de Cuaresma y, sobre todo, del Viernes Santo. Con ella los cristianos, de alguna forma revivimos el camino de Cristo hacia la Cruz: sus caídas, sus palabras, las ayudas que recibió.

Indudablemente, el rezo y la meditación del Vía Crucis que se celebra en el Coliseo de Roma todos los años, presidido por el Papa, es el más seguido del mundo.

Acompañar a Cristo en su camino a la Cruz en el lugar en el que innumerables cristianos sufrieron martirio es ya una oración sobrecogedora, aunque no pronunciáramos una sola palabra. Pero lo cierto es que las meditaciones de este Vía Crucis se preparan con mucho detalle y se publican con antelación.

Por eso en este Viernes Santo del año 2016 queremos recomendar la lectura de las meditaciones que millones de personas de todo el mundo escucharán y rezarán. Preparadas por el cardenal Bassetti, arzobispo de Perugia, llevan por título (como no podía ser de otra manera en este Año de la Misericordia) Dios es misericordia y pueden leerse completas en este enlace:

http://www.vatican.va/news_services/liturgy/2016/documents/ns_lit_doc_20160325_via-crucis-meditazioni_sp.html

A modo de introducción, el cardenal Bassetti nos recuerda que

la misericordia es el canal de la gracia de Dios que llega a todos los hombres y mujeres de hoy. Hombres y mujeres a menudo perdidos y confundidos, materialistas e idólatras, pobres y solos. Miembros de una sociedad que parece haber desterrado el pecado y la verdad.

Y así va desgranando las estaciones del Vía Crucis haciendo un paralelismo del camino de Cristo con el nuestro, con el de los hombres y mujeres de hoy. Y así nos recuerda que a veces nos domina el miedo, como a Pilato y a la muchedumbre (y no dudamos en pedir la crucifixión de Cristo) aunque estemos llamados a ser, cada uno de nosotros, un «ecce homo». Porque

esta es la condición de todo el que se pone a seguir a Cristo. El cristiano no busca el aplauso del mundo o la aprobación de la calle. El cristiano no adula y no dice mentiras para conquistar el poder. El cristiano acepta el escarnio y la humillación a causa del amor y de la verdad.

El Vía Crucis del Coliseo nos recordará también que las caídas de Jesús dan sentido al sufrimiento de los hombres cuando precisamente estos se desesperan cuando no encuentran a Dios en sus propias caídas. Cristo con la Cruz a cuestas, es por tanto, imagen de cada hombre y cada mujer doliente, descartado o náufrago.

Y en el camino del dolor, Simón de Cirene ayuda a Jesús a llevar la Cruz. El Cireneo es «la misericordia de Dios presente en la historia de los seres humanos».

La muerte de Jesús es, ciertamente, un tormento. Pero también la expresión del «poder de los sin poder, la fuerza salvadora de la fe». Y el grito de Dios hecho Hombre en los instantes previos a su muerte, es, citando a Benedicto XVI, el grito del sufrimiento y de la desolación, pero es también el grito de la completa «confianza de la victoria divina» y de la «certeza de la gloria».

Este el gran misterio de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Un triduo para meditar, contemplar y rezar.