En esta época de crisis generalizada, la deriva educativa es un parámetro válido para cuantificar la situación de un país que debe reflexionar muy seriamente hacia donde quiere dirigirse. Porque cuando alguien no sabe hacia dónde se dirige, tiene muchas posibilidades de terminar donde no quería ir.

Todos los informes comparativos internacionales respecto a la preparación de nuestros niños y jóvenes nos colocan en puestos de cola en el baremo internacional y, pese a que se ha bajado el listón de las promociones y titulaciones a la categoría de regalo, el abandono educativo es alarmante.

Han sido veinte años de aplicación del invento socialista de la LOGSE, (con sus variantes más o menos pulidas en defectos), consistente en una enseñanza secundaria «igualatoria» (que un amigo mío describía como «que todo español tenga, por nacimiento, su título de secundaria, quiera o no quiera»). Esa arquitectura ideológica dirigida al alumno ideal que olvidaba al alumno real con sus capacidades, inquietudes e intereses diferentes ha conseguido tres cosas:

1º: Que el título de secundaria español valga menos que nada, puesto que para «universalizarlo» se han bajado las exigencias al mínimo (tal y como se muestra en el informe PISA y otros). El proceso de hacerlo «universal» llevó a tener que facilitar su obtención y, como la pescadilla que se muerde la cola, solo consiguió bajar el rendimiento paralelamente, lo que llevó a reducir más las condiciones de obtención ya que los alumnos, al ver que con el mínimo esfuerzo consiguen lo mismo que esforzándose, acaban haciendo menos todavía y despreciando el esfuerzo.

2º: Que los alumnos que no quieren enseñanzas teóricas permanezcan en los centros educativos perdiendo su tiempo, hasta los 18 años o contribuyan en su huida al abandono escolar sin posibilidades reales de inserción laboral con una titulación que acredite su preparación, pues para cualquier estudio posterior necesitan el despreciado y despreciable título de secundaria.

3º: Que los alumnos que desean prepararse y continuar sus estudios se encuentren con todo tipo de trabas: desde los alumnos desmotivados que impiden la docencia hasta los docentes desmotivados a los que es imposible impartir los programas, desde la inercia social del desprecio al esfuerzo hasta la demonización de la rectitud moral que supone no obtener por vías alternativas su titulación a expensas de reducir sus conocimientos.

Por último, un sistema educativo dirigido al alumno ideal, con deseo innato de saber y aprender, que partía de la base de que todos sin excepción iban a obtener el título de secundaria, no contemplaba la posibilidad del alumno objetor del sistema, por lo que se creó impermeable de forma que no se pueden continuar unos estudios de formación profesional, salvo a través de un examen equivalente a un bachillerato, lo que, en la práctica, cierra el camino a la preparación profesional superior de aquellos alumnos que son válidos en áreas y oficios prácticos pero que no sienten interés ni tienen facilidad para el aprendizaje teórico de materias ajenas a su orientación profesional.

Otro punto clave es la preparación de los profesores: Las últimas noticias sobre los opositores a profesores de primaria que no eran capaces de contestar preguntas del programa de niños de 11 años, ha puesto en duda la capacitación de los docentes. Mal van a aprender los alumnos si los profesores no saben.

Y sí, me temo que ya es cosa común el que los docentes inviertan su tiempo y su memoria en conocimientos más relacionados con la ideología de un sistema que con sus propias asignaturas. El estudio de teorías pedagógicas poco útiles, e incluso estúpidas y farragosas, y sus hipotéticas aplicaciones y terminologías las han sustituido en gran parte. No es que los docentes no preparen sus oposiciones y estudien, es que se preparan para lo que van a ser examinados. Y se les examina, sobre todo, de ideología y pedagogías trasnochadas. La última vuelta de tuerca fue la sustitución de dos temas específicos de la asignatura en muchos de los temarios de oposición de profesores de secundaria por dos «torpedos ideológicos» relacionados con la aplicación en el aula de la ideología de género y otras correcciones políticas. No me creerán, pero así es.

Concretamente en Educación Física aparecían así expresados:

Tema 65. Género y Educación Física: evolución de las pautas culturales con respecto al género y a la actividad física. Contenidos de la Educación Física, género e igualdad de oportunidades. Uso de los espacios y género. Estrategias para la coeducación en Educación Física escolar.

Tema 66. Multiculturalidad y Educación Física. Diferencias culturales, raciales, lingüísticas y religiosas y su repercusión en la docencia de la Educación Física. Interculturalidad y estrategias de intervención encaminadas al diálogo y la igualdad en el proceso de enseñanza de la Educación Física.

En definitiva, la crisis de la educación podría resumirse en la dictadura de la ideología frente a los resultados, en la imposibilidad, por parte de quienes están en las instituciones, de analizar los errores del sistema sin caer en prejuicios e intereses ideológicos o sin que se vean atados por quienes los tienen. Y la solución sería aplicar nuevas estrategias sin las ataduras de lo «políticamente correcto». Hay que saber abandonar las fórmulas magistrales cuando estas no funcionan ni son magistrales, pero eso sería reconocer el fracaso de toda una orientación e ideología educativa… y los que la llevaron a la práctica se niegan a reconocer ese error así lo paguen cien generaciones de españolitos. Al parecer se aprendieron muy bien los conocidos versos

«Procure acertarla siempre

el honrado y principal,

pero si la acierta mal,

sostenella y no enmendalla».

El sistema educativo necesita una renovación total y quizá esta crisis económica, social, política, institucional, cultural, judicial y de valores que afecta a todo y nos está llevando a tocar fondo, la facilite.

Alicia V. Rubio Calle