Ayer mismo leía en el blog de Gador Joya (http://blogs.cope.es/labuenavida/) las novedades científicas publicadas por la revista JAMA: un estudio realizado por investigadores estadounidenses y brasileños en el que se han implantado células madre adultas a 23 pacientes, las cuales han resultado ser útiles para eliminar o disminuir la necesidad de insulina en estos enfermos. Este estudio supone un éxito más de la utilización de células madre adultas, las únicas que a día de hoy han resultado ser útiles para curar y tratar enfermedades.

La doctora Joya aprovechaba esta circunstancia para preguntarse que sería de Bernat Soria, ahora cesado como ministro de Sanidad y otrora famoso por apostar exclusivamente por la investigación con células madre embrionarias para curar la diabetes. En tono apocalíptico, mucho antes de se ministro, Soria presidió la Asociación de Diabéticos y, convertido en juez y parte, bramaba contra el gobierno de Aznar porque no le dejaba destruir los embriones que el necesitaba para curar a los diabéticos. Bernat piensa que los embriones son un puñado de células, al menos hasta el día decimocuarto de la fecundación. Llegó a decir que el embrión era algo así como un tumor.

Ahora contesto a la doctora Joya: en COPE( http://www.cope.es/sociedad/17-04-09–soria-puede-volver-sus-origenes-investigacion-celulas-embrionarias-45475-1) nos cuentan que el Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina Regenerativa (CABIMER) de Sevilla, una creación de Chaves para acoger precisamente al científico Soria, espera al ex ministro con los brazos abiertos. A nosotros nos parecería genial si el Centro de rimbombante nombre no estuviera sostenido con fondos públicos (en Chaveslandia todo es posible) y no se dedicara a destruir embriones. Pero es que además de producir muerte y gastar dinero, el dichoso experimento no ha conseguido nada. Porque como bien explica Gador, las célebres células embrionarias no han logrado ningún éxito científico mientras los logros obtenidos por las células embrionarias procedentes de tejidos y órganos adultos superan el millar.

¿No tienen vds. una colocación (cómo se decía antiguamente) para mi Bernat?

Teresa García-Noblejas