brotes

Anunciaba el Gobierno hace algo más de un año la aparición de unos brotes de color verde esperanza en las hispanas praderas de la economía. Las reacciones fueron una mixtura de regocijo y socarronería que iban desde comentarios del tipo «pues como no sean brotes de marihuana en la Moncloa…» hasta otros de un perfil parecido a «¿alguien creerá la enésima mentira de aquellos que precisamente nos llevan al precipicio?”»

No es mi intención adentrarme en la selva de la economía y la política porque ya tengo lo mío intentando luchar por una calidad de enseñanza decente- en el terreno profesional- y por una libertad de educación para mis hijos- como padre de familia- en este tiempo que me ha tocado vivir.

Intuyo unos casi imperceptibles brotes color verde esperanza en los andurriales educativos cuando estaba pensando en la negativa del Partido Popular a firmar eso que se ha venido a llamar «Pacto Educativo». Pacto que deviene en «parto» desde hace meses, dado que parecía inalcanzable la solución a la «propuesta» de D. Ángel Gabilondo. Que nadie me malinterprete: no voy a dar saltos de alegría por la noticia de la no-firma del Pacto por parte de los populares; los mismos que han traicionado de forma miserable a los padres objetores en muchas de las Comunidades Autónomas en las que gobiernan. Especialmente doloroso ha sido el comportamiento de la Sra. Aguirre para los que vivimos en Madrid después de que engañados y ninguneados nos arrojará a un limbo jurídico que no hizo más que producir desazón desde hace varios meses.

En medio de este erial el que esto escribe se congratula al ver que al menos una parte de los Populares ha dicho «hasta aquí hemos llegado» con el tocomocho del Pacto. Nos congratulamos muchos miembros de la sociedad civil que venimos voceando en el desierto desde hace años al constatar que en la política profesional algunos descubren lo que para nosotros fue evidente (nunca es tarde si la dicha es buena): los que parieron la LOGSE y los que continuaron la debacle con la LOE no podían pedir una firma a ojos cerrados de un pacto que nacía muerto si no se le daba la vuelta como a un calcetín a la aberrante situación española en el terreno educativo.

Cuando hay gangrena se amputa. Y cuando la gangrena afecta a lo más sagrado de una sociedad, se amputa una ley y lo que haga falta para salvar la nación. Así de claro. Es del todo inaceptable seguir emponzoñados en el «sistema LOGSE» de blandenguería en valores, de vagancia en el esfuerzo y de secularismo salvaje en el infrapensamiento de este «sistema» educativo. No se puede firmar un pacto con alguien que comparte mesa y mantel con una señora que parece estar convencida que uno de los problemas de nuestra sociedad es el desconocimiento de un supuesto mapa clitoriano. Miren ustedes, los hijos son sagrados y con ellos no se juega. ¿Quieren pacto? Pues a fumigar las malas hierbas que han ahogado el sistema educativo y por ende la juventud española desde hace ya dos décadas. Lo demás son enjuagues políticos tan indecentes como indeseables.

Decía que ante este panorama el hecho de que un partido se haya opuesto con algo de firmeza debe ser acogido como una buena noticia, como un brote verde en el desierto. Pero el brote verde-esperanza que me alegra más no es éste. Yo me congratulo con alegría no disimulada de los brotes verdes que veo en la sociedad civil de este momento que vivimos. Y me refiero a la lucha de unos cuantos padres que sacuden la cabeza con valentía cada vez que el gigante totalitario quiere poner su bota siniestra encima de los niños y de las familias españolas.   Me alegro infinitamente de que Grégor Puppink nos confesara en una cena que tuvo la amabilidad de compartir con algunos miembros de Profesionales por la Ética que seguía asombrado por la capacidad de organización y respuesta de muchos padres españoles ante la imposición de Educación para la Ciudadanía. Nos hizo saber que el camino de la respuesta en Europa a este avasallamiento sobre los derechos más fundamentales de los padres es esta «guerra de guerrillas» que con mucho esfuerzo hemos podido llevar a cabo en España.

Mientras preparamos la cena de nuestros hijos con el ordenador en la cocina, mientras la mayoría duerme a las dos de la madrugada, mientras muchos otros parecen creer que el sentido de su vida está en juego dependiendo del resultado de la jornada de fútbol del domingo («panes et circenses» versión siglo XXI) cientos de padres hemos reaccionado claramente ante los que amenazan robar el alma de nuestros hijos. Somos insobornables, no negociamos con la formación del corazón de nuestros niños y niñas. No vamos a ceder ante las garras de los que creen que todo el mundo debe asumir que los niños y jóvenes son más propiedad del Estado que responsabilidad primera de los padres que les trajeron a este mundo.

A mí estos brotes verdes me tienen encantado. También agotado, ¿cómo no?, pero feliz. Aquí hay partido hasta el minuto 90 y la batalla por la libertad será ganada por los que aman la libertad y buscan la verdad. Siempre ha sido así en la historia y se volverá a repetir. El Sr. Zapatero dijo una vez  «no es la verdad la que nos hace libres, es la libertad la que nos hace verdaderos». No sé si dentro de un año, cinco o cincuenta, pero puedo asegurar al Sr. Presidente del Gobierno que le recordaremos que «es la verdad la que nos hace libres, no la libertad la que nos hace verdaderos». Al tiempo… yo ya veo los brotes verdes. Y estos son de verdad.

Miguel Ángel Ortega