Estoy ahora mismo en el aeropuerto recogiendo a las peregrinas que me han adjudicado y se alojan en casa. En el aparcamiento casi atropello al P. Quique, que viene a recoger a una delegación de Uruguay.

Hay un stand de la JMJ en mi terminal (supongo que en todas y en las estaciones de trenes y de autobuses) y grupos de voluntarios. Curas y monjas por doquier, un grupo enorme de peregrinos brasileiros. Cruces, camisetas blancas de la JMJ siempre portadas por rostros limpios y sonrientes. Banderas de muchos países donde se quiere a Cristo y que quieren escuchar a su vicario, el siervo de los siervos de Cristo al que muchos tratan de disfrazar de tirano, pero que realidad es, simplemente, un padre, el padre de una gran familia.

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Es una Iglesia viva la que cruza los aires, los mares y los continentes para traernos vida a Madrid, y compartirla aquí, y dejarnos su testimonio de Amor a Cristo y a su Iglesia. No vienen contra nadie (no como otros), ni a hacer turismo, aunque lo pasarán en grande, y lo saben.

Qué alegría se respira por aquí

Hoy Barajas tiene forma de Cruz.

Fabián Fernández de Alarcón