Soy una madre objetora que quiere escribir esta carta a todos aquellos padres que no les gusta EpC pero que se creen tranquilos en su propio reducto escolar y familiar, en esa burbuja donde parece que «nunca pasa nada».

Este verano he estado leyendo la última encíclica del Papa Benedicto XVI, Caritas in Veritate, donde, a modo de resumen, se nos llama a que vivamos la Caridad, el amor de Dios, en todos los ámbitos de nuestra vida: personal, familiar, social, cultural. A esa llamada hemos de atender cuando nuestras ganas de responder enmudecen ante la posibilidad de destacar en lo económico, profesional y político.

No podemos sino abandonar esa burbuja, dejar a un lado esa tranquilidad ficticia que nos da el saber que el enemigo no nos va a atacar porque con unos billetes podemos comprar la educación que se da a nuestros hijos. Esa educación empieza por dar el ejemplo de salir afuera, de no encerrarnos con nuestros talentos y posesiones, de darlo todo y quedarse con nada.

¿Que le dijo el joven rico al Señor? «Dime que tengo que hacer para seguirte», «déjalo todo, ven y sígueme».

Y el joven rico se marchó triste». (San Mateo 19, 16-30).

El Señor, a través de las circunstancias de la vida, nos dice una vez más: «Déjalo todo…»

Y vosotros ¿que respondéis?.

María Menéndez

P.D. Esto va también para los colegios en los que «adaptan» EpC y no dejan objetar.