Los telediarios y boletines de noticias abren sus ediciones con la noticia de la repatriación del religioso de San Juan de Dios Miguel Pajares, enfermo de Ébola. Le acompaña otra religiosa procedente también de Liberia y de momento libre de la epidemia.

Resultan curiosas las polémicas que se desatan por este hecho. Se discute sobre el hospital que le va a atender; salen los partidos diciendo que a ver quién va a pagar esto. Una asociación de enfermeras se queja de los recortes sanitarios y los guardias civiles ponen el grito en el cielo porque en las fronteras los guardias pueden ser contagiados.

Y mientras tanto, lo fundamental se olvida. Lo fundamental es que un hombre está gravemente enfermo porque ha gastado su vida en África atendiendo enfermos y que una epidemia se extiende por ese continente. Y desde luego, nadie recuerda al «padre» de estos Hermanos, el portugués Juan de Dios que en la primera mitad del siglo XVI fundó su primer hospital para proporcionar un trato humano a los dementes que vagaban o estaban encerrados en Granada en condiciones deplorables.

Desde entonces los Hermanos de San Juan de Dios y sus obras están presentes en 51 países atendiendo enfermos y otorgandoles dignidad. Por ejemplo, en el Hospital de Monrovia (Liberia) recientemente reconstruido por esta órden más de 100.000 personas se han beneficiado de la asistencia profesional. El mismo Hospital en el que ha fallecido recientemente el director, Hno. Patrick Nshamdze, a causa del Ébola. Desde Monrovia ha sido repatriado el Hermano Miguel Pajares. Los que se quedan esperan la muerte después de dejarse la vida curando africanos. La mediocridad, posiblemente, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta, decía Chesterton.

¿Cuando valoreramos en España la magnanimidad de los misioneros y personas que entregan su vida por Cristo y por los demás?

Teresa García-Noblejas