¡La que se ha montado con las declaraciones de la ministra Bibiana Aído acerca de la caracterización del feto humano como no humano! Recordemos telegráficamente: feto humano. Trece semanas de gestación. Es un ser vivo. Pero no es un ser humano.

Quiero pensar que la señora Aído empezó a improvisar para intentar responder una pregunta tan incómoda como profunda: ¿Cree usted que el feto que se gesta en el cuerpo de una mujer es un ser humano?

Bien, pues hete aquí que la susodicha ministra pergeña una respuesta sobre la marcha y se lanza al ruedo con esa ignorancia enciclopédica que caracteriza a gran parte de la clase política que nos desgobierna. La verdad es que la respuesta empezó bien, «es un ser vivo». Evidente. ¿Cómo no se va a poder afirmar de un ser que es «vivo» si manifiesta las funciones y características más básicas de los seres vivos? En este punto de la cuestión la Sra. Aído ya había «concedido» que el feto era un ser, y que ese ser estaba vivo. Pero, llegados a esta encrucijada, el problema ya estaba servido. Si es un ser vivo, entonces no es un ser inerte. No es un ente inanimado porque éste nunca manifestaría cualidades evidentemente exclusivas de los seres vivos: el feto crece, se alimenta y se mueve. Además, muchas células que no tenían forma ni función definidas empiezan a diferenciarse armoniosamente dando lugar a neuronas, células del corazón… y es que, definitivamente, tiene que tratarse de un ser vivo.

En este momento todos nos hemos dado cuenta de que afirmar, únicamente, que el feto es un ser vivo es dejar la pregunta casi sin responder. Me la imagino mascullando: «ahora me dirán que menudo descubrimiento he hecho. ¡Nadie negará que un feto humano es un ser vivo!». El siguiente paso es adjetivar mínimamente el ser vivo en cuestión. Y el predicado que primeramente adjetiva a cualquier ser vivo es el que se refiere a su especie. Hay seres vivos amebas, seres vivos leones, seres vivos amapolas…y seres vivos humanos. ¡Algo habrá que añadir a la afirmación, más que evidente, de que un feto gestante en el cuerpo de una mujer es un ser vivo! Pues de cabeza a la piscina de la ignorancia superlativa que se nos lanzó nuestra defensora de la igualdad: es un ser vivo, pero no podemos decir que sea humano. ¡Toma ya!

Y digo yo que pertenecerá necesariamente a alguna especie este feto que se desarrolla en el cuerpo de una mujer perteneciente a la especie humana. ¡Pues no! Solamente una cabeza ayuna de conocimientos elementales o abducida por la ideología más irracional podía negar que fuera humano el feto que se gesta en un ser humano. Y así nos hemos quedado: ojipláticos y confundidos. Nos descubrimos estafados cuando en vez de recibir un poco de sentido común nos echan para comer la alfalfa propia de este Mátrix progre para que hozemos un poco, no sea que se nos ocurra pensar un poco más allá de lo que esta ignota mente de ministra es capaz de ofrecer. Sabemos que nos están colando fast food de lo peor, mientras deseamos un manjar o, al menos, una comida decentita.

Humildemente me atrevo a recomendar a la Sra Ministra de Igualdad una somera lectura de algún texto del genial Sócrates, inventor de la «definición». Conceptualizar es acotar la realidad transitando de lo más general a lo más particular, de manera que logremos una aprehensión lo más certera posible de esa realidad que pretendemos definir. Esta noble tarea del espíritu humano es posible porque somos capaces de captar la realidad tal como se nos presenta, al menos en lo esencial. Por ejemplo, defino una mesa: una mesa es un objeto. No basta con este predicado porque muchos objetos son los que se nos presentan a los sentidos, y no todos son «mesa». Entonces, una mesa es un objeto construido por el hombre a partir de madera u otro material resistente. Bien, nos acercamos, pero no hemos acotado del todo esa idea universal que todo ser humano alumbra cuando oye o lee la palabra «mesa». Concluyamos pues, una mesa es un objeto construido por el hombre a partir de la madera u otro material resistente, que tiene una superficie plana y que utilizamos para la realización de diversas tareas: comer, estudiar…

¡Pues a estudiar un poco, Sra Aído! Y permítame que se lo diga así de claro para ver si usted se entera y reconoce lo evidente: un feto gestante en el cuerpo de una hembra (mujer) de la especie humana es un ser vivo. Y además, ese ser vivo pertenece a la especie humana porque posee un genoma con la información completa para que se despliegue todo un programa de desarrollo que va a conducir, con toda seguridad, al nacimiento de una cría perteneciente a la especie humana. ¡Pero si hasta la experiencia nos lo asegura!

Estudiar para cultivarse. Cultivarse para vivir en la verdad. Vivir en la verdad para salir de la peor de las ignorancias: aquella que se permite disparar con atrevimiento. Doble necedad la de la ignorancia atrevida.

Miguel Ángel Ortega