Hace ya más de dos años que en Profesionales por la Ética trabajamos por desenmascarar y frenar el sinsentido que supone la justificación política de la maternidad de alquiler con su consiguiente aceptación social a través  de la rendición de la clase política ante los lobbies. Pero parece que la cordura a veces se impone y en pocos meses tanto el Parlamento Europeo como el Consejo de Europa han dicho NO al negocio del alquiler de vientres.

Y es que el negocio del alquiler de vientres no tiene nada de altruista sino que se trata de una actividad comercial en la que las agencias se lucran a costa del sufrimiento de los padres infértiles y la vulnerabilidad de las mujeres en situaciones desfavorables y así se desarrolla todo un negocio de selección con proceso de calidad de mujeres y posibles futuros bebés. Un servicio que se puede definir como de explotación de mujeres pobres para satisfacer el deseo, o capricho, de los ricos.

La maternidad de alquiler se intenta abrir camino impulsada por el peso de los lobbies homosexuales, por el negocio más que lucrativo que genera este tipo de transacciones y los intereses creados que la rodean. Pero es tan evidente la explotación y cosificación de la dignidad humana que se hace por la puerta de atrás, sin hacer ruido o hablando de “legislaciones muy restrictivas para casos específicos” pero que no es otra cosa que iniciar el descenso por una pendiente resbaladiza. Ya lo sabemos de sobra, el mal menor acaba siendo un mal mayor.

Hemos asistido en los últimos dos años a un aumento desproporcionado de noticias y referencias a la maternidad de alquiler en los medios de comunicación, batallas jurídicas en los tribunales nacionales, en Estrasburgo…..no es casualidad. Es la misma estrategia de siempre, se presentan casos límite, situaciones extremas en distintos países de manera simultánea que pretenden calar en los corazones de la sociedad, a la vez que van normalizando la aceptación social de esta práctica y a la vez la comunidad homosexual lo asume como bandera de su pretendida discriminación y lo exige como derecho. Y entonces ya nadie se atreve a ponerse en contra, no sé muy bien por qué…o sí.

Estemos preparados.

Leonor Tamayo