Y es que esto es lo que parece que hace la izquierda de este país, aún llamado España, cada vez que se acercan las elecciones generales, o las que sean, con los temas relacionados con la Iglesia Católica. Es como si durante cuatro años tuviésemos a nuestro perro en casa; como mucho en el patio, y de repente, ¡zas!, a darle una vuelta por la calle –que corra, se divierta, “enrede”…..-, y luego, otra vez a casita-.

Porque, díganme ¿a cuento de qué viene ese repentino furor laicista –no es que nos extrañe, siempre lo tienen, más o menos agudizado según convenga-, pre-electoral? Echemos un vistazo al asunto. Durante la legislatura, el progresismo dominante –desde la socialdemocracia  instalada en el PP, hasta los más “novedosos” comunistas encarnados en Podemos, pasando por el PSOE, sin olvidar a Ciudadanos-, se mantiene más o menos guardando las formas -no siempre, como es notorio si nos fijamos en algunos “incidentes estudiantiles”- pero, oye, es que llega el tiempo de elecciones –sean del tipo que sean- y se revuelve en sus asientos. Nada más tenemos que leer las propuestas de los partidos  de izquierdas, en lo referente a la enseñanza de la religión católica en los colegios. Como ejemplo vaya el que hemos sacado de la propia página web del PSOE. 

El borrador del programa del PSOE -revisado por la Comisión Permanente de la Ejecutiva– establece que el Gobierno deberá promover «las reformas del marco legal actual necesarias, así como de los acuerdos internacionales», para «promover una escuela pública laica donde no quepa la integración, ni en el currículum ni en el horario escolar, de enseñanzas confesionales».

Esto implica la denuncia del Concordato que tiene España con el Vaticano y que cuenta con rango de acuerdo internacional. La intención del Partido Socialista es romper este acuerdo al máximo nivel, ya que en el capítulo de laicidad propone «denunciar» estos acuerdos.[1]

Respecto al primer apartado –la enseñanza de la religión expulsada de los colegios, públicos y privados-; debería recordar su Secretario General -y aquéllos que le puedan secundar en tamaño dislate-, que su aplicación podría, muy bien, conculcar el art. 16 de la Constitución. Y en ese caso, o cambiamos la Constitución, para lo que, si no estoy errado, haría falta una mayoría parlamentaria que queda reflejada en el Artículo 167:
  1. Los proyectos de reforma constitucional deberán ser aprobados por una mayoría de tres quintos de cada una de las Cámaras. Si no hubiera acuerdo entre ambas, se intentará obtenerlo mediante la creación de una Comisión de composición paritaria de Diputados y Senadores, que presentará un texto que será votado por el Congreso y el Senado
  2. De no lograrse la aprobación mediante el procedimiento del apartado anterior, y siempre que el texto hubiere obtenido el voto favorable de la mayoría absoluta del Senado, el Congreso, por mayoría de dos tercios, podrá aprobar la reforma.
  3. Aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referéndum para su ratificación cuando así lo soliciten, dentro de los quince días siguientes a su aprobación, una décima parte de los miembros de cualquiera de las Cámaras.

…Y eso me da que está muy lejos de lo que puede obtener el PSOE -y toda la posible amalgama de partidos que quieran “hacerle la ola”-; y no va ser posible poner en práctica esa ocurrencia que, no por ser vieja, deja de ser, siempre, un tanto inquietante, viniendo de quien puede, en uno u otro momento, regir los designios de la Nación –Nación, ¡qué palabra tan expresiva de un sentimiento y tan denostada últimamente!-. Nos encontramos, por tanto, con un “brindis al sol”, como tantos otros que en este asunto se han dado en diversas plazas.

En cuanto al segundo; la cuestión es, por lo menos, igual de peliaguda, porque verán: al ser un tratado entre Estados, cualquier modificación –y nada digamos de revisión y/o anulación del mismo- debería hacerse, si no estoy errado, con el consentimiento de ambos estados, España y el Estado Vaticano; y mucho me temo que uno de ellos no parece que esté muy animado, al menos que se sepa. Otra ocurrencia igual de dañina que la anterior.

Lo que pasa es que, aunque estas ocurrencias se queden como siempre, hasta ahora, ha ocurrido a la “hora de la verdad”, como vulgarmente se dice, en agua de borrajas, sí que hacen un daño, no pequeño y a tener en cuenta, entre la gente de la calle, que se ve incitada a una especie de confrontación que, algunos, creíamos superada. Lo peor del asunto es que se está confundiendo laicismo con Estado aconfesional, que es como se declara España en su Carta Magna, según el artículo más arriba mencionado. Lo que decía al principio: vamos a sacar a pasear al perro y que se dé unas correrías por ahí. ¡Qué pena! En fin……

Marcos Antonio Galiana Cortés

[1] Remitimos a las Propuestas que el PSOE tiene sobre “laicidad” en su Programa Electoral para mayor información.